Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Silencio


Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

Octavio Paz


4 abril, 2012 Publicado por | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , | 9 comentarios

Phaethon o la noche

No puede verlo, no puede sentirlo ni vivirlo, Phaethon ya perdió los dones que la luz otorga a la piel; Phaethon muere en una noche interminable.

Otrora fue uno de los hijos del sol, un espíritu inquieto, lleno del vigor que sólo la luz del sol, sólo el vivir de día, puede brindar. No era extraño en aquellos días verlo susurrar y acariciar a las nubes por el simple deleite de crear mil arcoíris que su amigo Cicno llenaba de plumas de cisne arrancadas de sus propias alas. Aquellas plumas, animadas por el poder de Phaethon, se tornaban en un ejército de mariposas que adornaban las ramas de sus alisadas hermanas mientras bailaban al son de la suave brisa.

En aquellos días el cielo era azul, y los alisos verdes y las mariposas doradas, y el mundo era hermoso a la vista de los hombres, y Phaethon brillaba de felicidad casi tanto como su padre el sol.

Ocurrió un día que Phaethon, incansable en sus sueños de luz, quiso volar más alto que las nubes y quiso ordenar los caminos que su padre estableciese para el poderoso fanal dorado. Tan alto voló que al fin alcanzó las riendas del ardiente carro celeste, y tan seguro estaba de sus artes que ordenó los caminos a su antojo, y el carro que dirigía la luz del día nuevos rumbos tomó.

Pero Phaethon era joven, el ímpetu de su espíritu estaba lleno de día y la noche apenas se dibujaba en su imaginación como lejana pesadilla. Así fue que, tentado por mostrar su felicidad al mundo, a veces volaba bajo, y parte de ese mundo quedó abrasado por el intenso fuego. Cuando Phaethon intentaba controlar aquellas riendas trenzadas de antigüedad, ocurría que demasiado alto volaba, y el calor se perdía en la distancia dejando al mundo cubierto por una capa de blanca y suave nostalgia que todo lo marchitaba.

Grande fue el enfado de Helios, quien desde los albores del mundo había mimado la luz y el calor sobre la tierra para que la vida fuese el día, para que se viviese de día. Había quedado esa tierra plagada de heridas que sangraban los erráticos vuelos del hijo; desiertos inmensos donde ni la más leve brizna de verde hierba crecía; eternos y silenciosos hielos que nunca podrían ser derretidos; hermanos que la piel distanció entre las diversas tonalidades que surgen de la más poderosa luz y la más intensa de las sombras.

Exigieron los dioses un castigo para Phaethon, y dura fue la penitencia que Helios debió imponerle. Fue Phaethon condenado a alejarse de la luz del sol, a vivir la intensa sombra de la noche hasta que las heridas de la tierra desapareciesen.

Pero ocurre que los dioses son de memoria leve, y sus esfuerzos por curar las heridas del mundo caen frecuentemente en el olvido. Fuese por eso, o porque el mundo se acostumbró a sus heridas, o simplemente porque los dioses hace tiempo se olvidaron de los hombres, Pheathon sigue aún hoy vagando su castigo.

Hay quien dice que si se busca en las orillas más oscuras de la noche puede vérsele caminando sobre las huellas de la luna, la eterna elipse que conduce al día. Pero esa puerta está vedada para Phaethon hasta que los dioses regresen algún día. A veces, agitado por su voraz pena, atraviesa veloz el corazón de Orión, o se sienta junto a Andrómeda a vaciar sus lágrimas que aún siguen siendo de fuego blanco. Otras, siempre solo, vaga los desolados mares de la luna desenterrando los sueños que quedaron allí olvidados.

Phaethon no puede verlo, no puede sentirlo ni vivirlo, Phaethon perdió los dones que la luz a la piel otorga; Phaethon muere en una noche interminable. Solo, se mira en esos sueños rotos, y contempla su rostro ajado de soledad y de silencios. Su mirada muere cada noche en la eterna elipse que conduce a la mañana mientras sus lágrimas gritan su destino, o la noche de Phaethon… o los sueños rotos enterrados en la luna.

Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro

Vicente Huidobro


1 abril, 2012 Publicado por | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , , , , , | 15 comentarios

Leonardo Da Vinci

Leonardo Da Vinci (1452 – 1519). Genio… y cocinero.

30 marzo, 2012 Publicado por | Palabras con luz | , , | 12 comentarios

Fuegos (II)


“Y mando cantar dos veces este poema:

Aunque me siento perdido
entre brumas matinales que confunde la vista,
tropiezo con tu puerta
y no soy capaz de pasar de largo.

Ella mandó a la sirvienta, que recitó este mensaje:

¿Tan difícil resulta cruzar una puerta entrevista entre brumas?
Entonces, ¿por qué no entras?
No hay obstáculos en tu camino,
y la puerta ofrece poca resistencia.”


De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


28 marzo, 2012 Publicado por | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , | 4 comentarios

Adivina…

En la brillante mañana, cuando aún la senda del recuerdo se dibuja en la piel, cuando aún la caricia tiembla su danza… en la mañana… nace el tanka, el secreto apenas vestido con las suavidades del alma.

De la mañana, un tanka… un secreto, una mirada lo pidió… y unos versos maestros sin disfraz, mojados en las notas que se derraman de Satie. ¿Te atreves a dibujar un secreto?



No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Así callado, aún mis labios en los tuyos,
te respiro. O sueño en vida o hay vida.

(Vicente Aleixandre)


Gymnopédies – Satie

23 marzo, 2012 Publicado por | Poemas del Día Siguiente, Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , | 21 comentarios

Jean-Paul Sartre

Jean-Paul Sartre (1905 – 1980). Escritor y filósofo francés, uno de los grandes exponentes de la literatura y del existencialismo. En 1964 rechazó el galardón de Premio Nobel de Literatura.

20 marzo, 2012 Publicado por | Palabras con luz | , , , | 11 comentarios

Oscuro (Hoy no llorará la luna)


Derrotadas se alargan las calles
Se entumecen con el sueño continuo
Abandonadas a la oscura sombra
Hasta la nada es incierta en este aire

Alguien enciende un cigarrillo
Que replica la memoria idéntica
Las sombras de las sombras
Tanto

En nada se ajusta ese disfraz bufón
Colgado de la elocuente sonrisa
No hay estrellas en el fondo
Como en el tonto muñeco de la mañana
Y su flor atenazada en el tiempo
Sólo vive el ruidoso silencio del vacío

Atrás quedaron aquellas líneas
Vestidas de libertad y de palabra
Espejos oxidados del intento
Por aprender la felicidad
Tanto

Se suceden los metálicos pozos
Que las huellas no alcanzan
Guardan los ecos perdidos en la lluvia
Arrastrados al abrazo del oscuro

La mirada en el vértice suplica
Pero hoy no llorará la luna



Al desplegar las alas
El mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

¿Quién es el extranjero? ¿Reconocéis su andar?
Es el que vuelve con un sabor de eternidad en la garganta
Con un olor de olvido en los cabellos
Con un sonar de venas misteriosas
Es este que está llorando el universo

(Vicente Huidobro)


Comfortably Numb – Pink Floyd

17 marzo, 2012 Publicado por | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 10 comentarios

Amapolas


Esbeltos caracteres rojos sobre papel de algodón; dibujado en una esquina, un poderoso símbolo. La carta está enrollada junto a una ramita de romero, ambas unidas por un fino lazo rojo.


Aún mi recuerdo te llama
en los blancos prados de la Luna,
entre pliegues que arropan las pasiones.

En la ola que lentamente se prolonga,
se hace intenso el eco de un susurro.
Una roja herida en los labios,
el eco continúa.

Y al final del camino inconcluso
amapolas
siempre hermosas amapolas

Recuerdos

El verbo se muere sin mirarlo, sin vivirlo
La cordura no es un verbo, sólo es un pobre e inconcluso sustantivo
Un beso, el prolongado beso de una ola mientras empapa la arena y se funde en ella
Amapolas… siempre hermosas amapolas


14 marzo, 2012 Publicado por | Poemas del Día Siguiente | , , , , , , , , , , , , , , , | 17 comentarios

Fuegos


“Y ella dijo:
Observa las linternas que recuerdan
a las de los pescadores de Akashi.
¿será que mis penas
me han seguido hasta aquí?

Y él dijo:
Sólo porque ignoras la firmeza
de la llama que arde en mi corazón
te parece tan inseguro
el resplandor incierto de esos fuegos …”


De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


7 marzo, 2012 Publicado por | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , | 9 comentarios

León Tolstói

León Tolstói (1828 – 1910), escritor ruso, estandarte del realismo y uno de los grandes de la literatura mundial.

4 marzo, 2012 Publicado por | Palabras con luz | , , , | 11 comentarios

Las lágrimas de la luna

En las noches de plateada luz, cuando las hogueras crepitan y las palabras se hacen de aire, cuentan los viejos de aquellas duras tierra que la luna, una vez, tuvo un amor.

En realidad no fue un amor, fue su único y gran amor. Cantan que cuando se abrazaban, en forma de luz se derramaba ese abrazo sobre la tierra, y los mares eran de plata, y los ríos eran de plata, y las jóvenes aguas que bajaban las montañas saltaban felices como diamantes que encerrasen el rostro feliz y brillante de la luna. Cuentan que jamás hubo tiempos más hermosos recorriendo la tierra.

Pero ese gran amor se perdió.


Quedó la luna profundamente desconsolada, solitaria y triste, como hoy la vemos. Y se refugió en la noche. Con sus innumerables lágrimas tejió un manto que le arrancara el frío que vino a habitarle el alma, pero ese frío es tan insondable como el tiempo, y nunca desapareció, más aun, en compañero eterno de su andar se convirtió.

Aconteció entonces que, igual que en los hermosos tiempos la tierra recibía el brillo de aquellos abrazos, también fue fiel receptora de esa tristeza y de su frío. Y las noches se llenaron de un manto blanco de nostalgia sedosa, de quietud infinita. Tal era la pena reinante que por todos los rincones los amores se marchitaban hambrientos de brillo, del cálido latido de un tiempo desaparecido.

Desesperaban esos amores buscando consuelo a sus pesares, y por alguna razón, o por la sinrazón que sólo el corazón desesperado entiende, volvían sus ojos a la luna, le cantaban sus males y en numerosas lágrimas le envolvían sus deseos. De todos es conocido que de las lágrimas el salado líquido sólo es húmedo residuo, sólo envoltorio, vehículo necesario para que el deseo que con fuego lo habita pueda abandonar el alma. Así, las lágrimas no caen al suelo, ahí sólo se derrama lo que de materia está hecho. Pero lo que inmaterial es, lo inasible y vivo, el fuego, vuela y busca las plateadas manos de la luna, destino que le fue conferido en su urgente creación por el alma desconsolada.

Pero la luna ya va cargada de su propio pesar, arropada por su manto de damas frías, y decidió desde aquel entonces su soledad. También decidió que ese pesar era tan grande que ningún otro podría nunca abrazar. Así, olvidóse de ellos hace tiempo, y desde ese entonces una fría máscara les muestra, la misma cada noche, mientras la otra, la verdadera, en la ilimitada oscuridad fabrica sus propias y amargas lágrimas.

Es por eso que todos los deseos de los amantes se reflejan en la luna, y ninguno de ellos, en su frenético e iluso vuelo, tan triste rostro alcanza. Sólo lo rozan, para quedar en una gota congelados y vagar sin consuelo por el oscuro palio su destino de tristeza. A veces, por algún desconocido y extraño sortilegio, alguno de esos deseos se encuentra con una lágrima que se escapa de la luna. Ocurre pocas veces, pero entonces se convierte en hecho extraordinario, pues alimentada de inusitado fuego, esa lágrima cobra el brillo que una vez fue, y se consume en fugaz línea de luz sobre la tierra.

Crepita la esperanza en las hogueras de la noche. Entre todos los sabios del lugar, hay uno, el más viejo, el de mirada más lejana, uno que cuando ya todos inclinan la cabeza enterrándola en las brumas del desconsuelo, hablándole fijamente a las anaranjadas lenguas del fuego, en apenas un susurro dice:

Viejo.- Luna, luna… Ayer te vi, y la luz de la mañana ya avanzaba mientras mi alargada sombra la perseguía. ¿En qué andabas a esa hora en que el día lucía su temprano latido? ¿Será tal vez que hasta tú sientes la luz de la esperanza?

Sabias son las palabras de ese viejo ausente, que en sus días también hondo amor vivió. Y digo sabias porque es cierto que algunos extraños días puede verse a la luna sin su frío manto constelado recorriendo las sendas de la mañana. Y es porque su gran amor no es otro que el sol, y aún lo sigue siendo. Y en esas sendas, en un algo dormido en el frío que la habita, aún espera, tímida. Casi transparente, ella espera. Y sus brazos, por un imperceptible instante, vuelven a unirse, a derramarse sobre la tierra como esperanza renacida a esa hora temprana del alba.

Sigue hablando ese viejo desde su memoria alargada, saca de ella lo que también una vez fue. Bien sabe él que ése es el instante, que en ese rostro transparente y diluido la fría careta se esfuma y que ella ríe como ayer. Y en ese instante, si un deseo se acerca a sus plateados brazos ella lo acoge como a un desvalido infante en un abrazo de cálida luz. Son esos los deseos que nunca se apagan, los que están vivos y le dan su verdadero brillo a la luna, los que se alimentan de la luz del sol y habitan en ella. Y es por eso que a pesar de su pena y de la oscura noche la luna brilla, y vive de los tiempos en que el amor aún puede ser.

La noche avanza con su frío estrellado. El fuego se consume en sus últimas caricias verticales y todos se preparan para dormir evitando los falsos ojos de la luna. Nuestro viejo sabio, siempre la mirada en otros días, se pone en pie iniciando el camino a un mundo de memoria arraigada.

Moraleja:
Si valor le das a tus deseos, no busques en la noche, busca que descansen en los brazos de una mirada brillante en la temprana mañana.

27 febrero, 2012 Publicado por | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , , | 20 comentarios

Un tren ilustrado


Hay una estación de la esperanza
del verde tiempo clavado en la piedra
esperando

Hay un tren de vagones letrados
del rojo nombre recorriendo las sendas del alma
acariciando

Ahí, cautiva, me viaja la vida
rendida, dormida en un rincón de aire

Cuán lento se antoja el tránsito en esa vía
desde la curva del horizonte anochecido
Incierto el destino se imagina
deambulando junto al tiempo en el andén

Si de cerrada ventana viene el día
acierte el azar sus huellas
y en el pliegue de la página maestra
adivinen la ruta señalada

Ya se marcha la luna
y en la pequeña ventana ruega un suspiro
llorando
Pero en la vieja estación se sabe:
el verbo amanece siempre en la mañana
… soñando

23 febrero, 2012 Publicado por | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , | 21 comentarios

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 223 seguidores