Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Fuegos (V)


“Y en la penumbra tristemente susurraba al silencio:

Es la noche tan espesa
que no veo la luz de las estrellas
y mis versos
son silenciados por el rumor de los juncos.

Mientras ella, asomada a la ventana, pensaba:

La luna se ha escondido
y la sonrisa descansa,
hoy, al aire, sólo le hablan los juncos
pero no entiende sus sonidos”


De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


29 mayo, 2012 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , | 12 comentarios

Prometeo y el fuego

Había acertado a caerle sobre las manos, entre sus manos. Allí, acunada en el rudo espacio cóncavo, la pequeña estrella latía con un fuego extraordinario mientras Prometeo se preguntaba cómo aquel tesoro podía haberle elegido a él, qué magia tan intensa poseía ese ángel blanco para que su sangre se desbocase en vertiginosas espirales de vida.

Prometeo no lo sabía, pero había nacido titán, eterno enemigo de los distantes dioses y receptor de grandes poderes. Prometeo no lo sabía. Prometeo se sentía mortal, siempre encadenado a los muros de sus más enraizadas convicciones.

Fuese porque los orgullosos y distantes dioses considerasen que en nada le correspondía tal tesoro, o fuese tal vez simplemente porque sintieron una mezquina e incontenible envidia al verle elevarse en sueños que ellos mismos no habían experimentado nunca y nunca experimentarían… fuese por una causa o fuese por otra, decidieron esos dioses arrebatarle aquel tesoro, sembrar las distancias del tiempo inmisericorde, someterle a un cruel castigo. Y así, encadenáronle a las frías montañas del Cáucaso, donde el sol es sólo vago espejismo en la memoria, donde el tiempo hiere con esquirlas de hielo que se esconden en la misma carne, donde hasta la sombra más osada y fiel abandona a su dueño.

Las artes de Hefesto allí lo clavaron a la dura roca por tiempos insondables. Y si la noche era eterna y fría, la mañana era aún más cruel y aterradora, pues ordenó el mismo Zeus que con la fuga de la última estrella, la más brillante, la que aún mantenía un rescoldo en el alma de Prometeo, la que le recordaba aquel fuego que una vez habitó entre sus manos… con la fuga de esa estrella, las poderosas águilas de aquellas inhóspitas y solitarias cumbres le devorasen el alma.

Bien sabía Zeus de la condición inmortal de los titanes. Bien sabía Zeus que tras ese horror, el alma volvería a regenerarse devolviendo al infeliz Prometeo a otra noche de oscuridad, a otro día de pavor, al continuo y terrible frío.

Pero los dioses nunca han confiado en los titanes, nunca han llegado a interesarse por ellos, a conocer las extraordinarias virtudes y poderes que los habitan. Entre esos poderes, casi siempre enterrados por las texturas más inmediatas, olvidados, imperceptibles para ellos mismos, entre esos poderes se encuentra la esperanza que alimenta los latidos, la tenacidad que alimenta los sueños.

Fue así que Prometeo soportó por incontables tiempos el cruel castigo, hasta que un día las cadenas de Hefesto fueron insuficientes para contenerle y quedó liberado. Aun con calzado de miedos y escaso equipaje de ilusiones, poderoso se sintió Prometeo aquel día. Y desde entonces, como viento pleno de esperanza, como flecha lanzada por el mismísimo Orión, recorre veloz Prometeo los cielos del tiempo buscando, sabiendo que si aquella increíble estrella una vez se posó en él, si una vez el extraordinario fuego habitó sus manos, no hay dios alguno que pueda evitar que ocurra una segunda vez. Porque él, Prometeo, es un titán, porque en él, para siempre, habitará un extraordinario fuego.

Moraleja:
Es obligación del apasionado lector, del caminante de palabras, buscar entre sus enseres la moraleja que todo cuento arroja. Mira tú, caminante, ¿cuál es tu calzado?, ¿cuál el contenido de tu equipaje?, ¿cuál el fuego que habita el cuenco de tus manos?

Arde el tiempo fantasma:
arde el ayer, el hoy se quema y el mañana.
Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.
Pero no importan siglos o minutos:
también el tiempo de la estrella es tiempo,
gota de sangre o fuego: parpadeo.

Octavio Paz


18 mayo, 2012 Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , , | 16 comentarios

Platón, II

Platón, filósofo griego (427 ac – 347 ac)

17 mayo, 2012 Posted by | Palabras con luz | , , , , | 9 comentarios

Suavidades del alma

¿Te he mostrado el tiempo en un latido?

Arropado en la piel, tu piel,
desfilan las tersas líneas de un libro,
y tímidas gotas se asoman a lo inmediato,
resbalan entre futuro y pasado.

Y el presente todavía es,
el camino de lo cotidiano,
de lo extraordinario,
de los sueños que son.
Por el filo de un cuchillo se desplaza el tiempo
en rápidas olas perfumadas
que desbordan los sentidos.

Ven, amor mío, ven.
Te construiré aquel palacio
con días templados por columnas,
de transparentes miradas sus muros,
donde la nota de Satie se descuelga con la lluvia
y el horizonte muestra los dorados.

Recuerda, amor,
bajo el verde palio renovado
un banco espera cada tarde,
adormecido en el secreto susurro
de palabras esculpidas en aire.

Y cuando de perlas se siembre el nocturno,
de la caricia urgente
nacerán los verticales sueños.
Se ahogará la fiebre de mi sangre
en las blancas olas de tus mares,
dormirá el fruto de mis labios
en el aire cóncavo de tus manos.

Ven, amor mío, ven,
leamos de la mano el tiempo,
las suavidades del alma.

15 mayo, 2012 Posted by | Suavidades del Alma | , , , , , , , , , , | 20 comentarios

Alba


Mi corazón oprimido
siente junto a la alborada
el dolor de sus amores
y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
semilleros de nostalgias
y la tristeza sin ojos
de la médula del alma.
La gran tumba de la noche
su negro velo levanta
para ocultar con el día
la inmensa cumbre estrellada.


¡Qué haré yo sobre estos campos
cogiendo nidos y ramas
rodeado de la aurora
y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
muertos a las luces claras
y no ha de sentir mi carne
el calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
en aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada.


Federico García Lorca


11 mayo, 2012 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , , , , , , | 14 comentarios

Fuegos (IV)


“Como el rocío se posa
sobre las frágiles alas de la cigarra,
oculta en su árbol,
mis lágrimas se pierden en la manga de seda”


De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


6 mayo, 2012 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , | 13 comentarios

Marcel Proust

Marcel Proust (1871 – 1922). A pesar de su escasa obra, una de las grandes referencias de la literatura del siglo XX.

5 mayo, 2012 Posted by | Palabras con luz | , , , | 10 comentarios

La niña fea

La niña tenía la cara oscura y los ojos como endrinas. La niña llevaba el cabello partido en dos mechones, trenzados a cada lado de la cara. Todos los días iba a la escuela, con su cuaderno lleno de letras y la manzana brillante de la merienda.

Pero las niñas de la escuela le decían: “Niña fea”; y no le daban la mano, ni se querían poner a su lado, ni en la rueda ni en la comba: “Tú vete, niña fea”. La niña fea se comía la manzana, mirándolas desde lejos, desde las acacias, junto a los rosales silvestres, las abejas de oro, las hormigas malignas y la tierra caliente de sol. Allí nadie le decía: “Vete”.

Un día, la tierra le dijo: “Tú tienes mi color”. A la niña le pusieron flores de espino en la cabeza, flores de trapo y de papel rizado en la boca, cintas azules y moradas en las muñecas. Era muy tarde, y todos dijeron: “Qué bonita es”.

Pero ella se fue a su color caliente, al aroma escondido, al dulce escondite donde se juega con las sombras alargadas de los árboles, flores no nacidas y semillas de girasol.

Ana Mª Matute (Los niños tontos)

“Nace un suspiro
en la noche de luna
huida del miedo.
Se apaga la montaña,
y su fuego se duerme…”

1 mayo, 2012 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , | 11 comentarios