Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Zobeida (Las ciudades invisibles)


Hacia allí, después de seis días y seis noches, el hombre llega a Zobeida, ciudad blanca, bien expuesta a la luna, con calles que giran sobre sí mismas como un ovillo.

Esto se cuenta de su fundación: hombres de naciones diversas tuvieron un sueño igual, vieron una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida, la vieron de espaldas, con el pelo largo, y estaba desnuda. Soñaron que la seguían. A fuerza de vueltas todos la perdieron. Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida donde se establecieron esperando que una noche se repitiese aquella escena. Ninguno de ellos, ni en el sueño ni en la vigilia, vio nunca más a la mujer. Las calles de la ciudad eran aquellas por las que iban al trabajo todos los días, sin ninguna relación ya con la persecución soñada. Que por lo demás estaba olvidada hacía tiempo.

Nuevos hombres llegaron de otros piases, que habían tenido un sueño como el de ellos, y en la ciudad de Zobeida reconocían algo de las calles del sueño, y cambiaban de lugar galerías y escaleras para que se parecieran más al camino de la mujer perseguida y para que en el punto donde había desaparecido no le quedara modo de escapar.

Los que habían llegado primero no entendían qué era lo que atraía a esa gente a Zobeida, a esa fea ciudad, a esa trampa.

Italo Calvino (Las ciudades invisibles)

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20 septiembre, 2012 - Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , ,

20 comentarios »

  1. Es genial Italo Calvino. Yo le descubrí muy joven como no poria ser de otra manera con El Barón reampante y a partir de ahi……
    Un saludo

    Comentario por Nergal | 20 septiembre, 2012 | Responder

    • Sí, es genial. Pero a diferencia de otros tiene su lado oscuro. Capaz de lo mejor y de lo menos mejor. En todo caso es un disfrute pasear algunas de sus obras, como ésta, todo un ejercicio de imaginación, una propuesta para alentar sueños.

      Un abrazo, mi estimado.

      Comentario por Juan | 22 septiembre, 2012 | Responder

  2. Conciencia, por Italo Calvino (no he podido resistir la tentacion de compartirlo contigo)

    Se declaró la guerra y un tal Luigi preguntó si podía alistarse como voluntario.
    Todos le hicieron un montón de cumplidos. Luigi fue al lugar donde entregaban los fusiles, tomó uno y dijo:
    – Ahora voy a matar a un tal Alberto.
    Le preguntaron quién era ese Alberto.
    – Un enemigo -respondió-, un enemigo mío.
    Los otros le dieron a entender que debía matar a cierto tipo de enemigos, no los que a él le gustaban.
    – ¿Y qué? -dijo Luigi.- ¿Me tienen por ignorante? El tal Alberto es justamente de ese tipo, de ese pueblo. Cuando supe que le hacían guerra, pensé: “Yo también voy, así puedo matar a Alberto”. Por eso vine. A Alberto lo conozco: es un sinvergüenza y por unos centavos me hizo quedar mal con una mujer. Son viejas historias. Si no me creen, se lo cuento todo con detalle.
    Los otros dijeron que sí, que de acuerdo.
    – Entonces -dijo Luigi- explíquenme dónde está Alberto, así voy y lo peleo.
    Los otros dijeron que no lo sabían.
    -No importa -dijo Luigi.- Haré que me lo expliquen. Tarde o temprano terminaré por encontrarlo.
    Los otros le dijeron que no se podía, que él tenía que hacer la guerra donde lo pusieran y matar a quien fuese, Alberto o no Alberto, ellos no sabían nada.
    – Ya ven -insistía Luigi-, tendré que contárselo. Porque aquél es realmente un sinvergüenza y hacen bien en declararle la guerra.
    Pero los no querían saber nada.
    Luigi no conseguía dar sus razones:
    – Disculpen, a ustedes que mate a un enemigo o mate a otro les da igual. A mí en cambio matar a alguien que tal vez no tenga nada que ver con Alberto, no me gusta.
    Los otros perdieron la paciencia. Alguien le dio muchas razones, y le explicó cómo era la guerra y que uno no podía ir a buscar al enemigo que quería.
    Luigi se encogió de hombros.
    – Si es así -dijo-, yo no voy.
    – ¡Irás ahora mismo! -le gritaron-. ¡Adelante, marchen, un-dos, un-dos! – Y lo mandaron a la guerra.
    Luigi no estaba contento. Mataba enemigos, así, por ver si llegaba a matar también a Alberto o a alguno de sus parientes. Le daban una medalla por cada enemigo que mataba, pero él no estaba contento. “Si no mato a Alberto”, pensaba, “habré matado a mucha gente para nada”. Y le remordía la conciencia.
    Entre tanto le daban una medalla tras otra, de toda clase de metales.
    Luigi pensaba: “Mata que te mata, los enemigos irán disminuyendo y le llegará el turno a aquel sinvergüenza”.
    Pero los enemigos se rindieron antes de que hubiese encontrado a Alberto. Tuvo remordimientos por haber matado a tanta gente por nada, y como estaban en paz, metió todas las medallas en un bolso y recorrió el pueblo de los enemigos para regalárselas a los hijos y a las mujeres de los muertos.
    En una de esas veces encontró a Alberto.
    -Bueno -dijo-, más vale tarde que nunca. – Y lo mató.
    Fue cuando lo arrestaron, lo procesaron por homicidio y lo ahorcaron. En el proceso él se empeñaba en repetir que lo había hecho para tranquilizar su conciencia, pero nadie lo escuchaba.

    Comentario por Adwoa | 21 septiembre, 2012 | Responder

    • Pues no te resistas nunca más a la tentación de compartirnos joyitas así. Estas sendas se sienten afortunadas de que tal resistencia haya sido vencida.

      Un abrazo

      Comentario por Juan | 22 septiembre, 2012 | Responder

      • Me alegro de que te haya gustado. A mi me encanta.

        Y gracias a ti por tener una joya de blog.

        Un fuerte abrazo

        Comentario por Adwoa | 22 septiembre, 2012 | Responder

  3. Pues nosotros traemos extraviado el libro “El príncipe cangrejo” donde viene la Grátula bedátula, Jorobada, coja y cuello torcido, La hija del sol, entre otros. Lo peor es que ese texto ya está descatalogado. Una verdadera lástima.

    Comentario por Palomilla Apocatastásica | 21 septiembre, 2012 | Responder

    • Bueno, siempre habrá ocasión de recuperarlo, sino en el viejo papel, sí quizá en estos virtuales mundos, es questión de perseverar.

      Otra referencia de interés llegada a estas sendas. Mil gracias por ello, trataré de encontralo.

      Un abrazo

      Comentario por Juan | 22 septiembre, 2012 | Responder

  4. Las ciudades invisibles de Italo Calvino me traen siempre un recuerdo muy grato; hace ya bastantes años hice un curso de creatividad cuyo hilo conductor eran precisamente esas ciudades, y gracias a los ejercicios que salían a raíz de su lectura, se me abrió la cabeza a lo que era ser creativo, romper los límites de tu razón, descubrir y crear nuevos mundos, ejercer la libertad con la palabra, los materiales y los colores sorprendiendo hasta tu sombra.
    Creo que este mismo cuento de Zobeida fue el de la primera clase. Creo que todos nos pasamos la vida buscando a la mujer-luna que corría desnuda una vez en nuestro sueño. Lo malo es quedarnos ahí atrapados, en la ciudad trampa erguida en su nombre y huida.
    Te mando un beso con sabor a luna, Juan.

    Comentario por pgatina | 22 septiembre, 2012 | Responder

    • Sí, mi muy estimada. Es todo un ejercicio de creatividad, un juego para alentar a la sinrazón, para romper barreras, para el manierismo más puro, para transgredir nuestras propias razones… para buscar…

      Un beso, mi estimada.

      Comentario por Juan | 25 septiembre, 2012 | Responder

  5. Sin duda un hacedor de sueños que visita sendas al margen de esa mujer que…siempre huye. Cuidate

    Comentario por plared | 24 septiembre, 2012 | Responder

    • Los sueños siempre van por delante, como esa zanahoria que guía al cuadrúpedo ingenuo y confiado… Y está bien así, sólo hay que saber abandonar la zanahoria en algún instante.

      Un abrazo

      Comentario por Juan | 25 septiembre, 2012 | Responder

      • “Los sueños siempre van por delante, como esa zanahoria que guía al cuadrúpedo ingenuo y confiado… Y está bien así, sólo hay que saber abandonar la zanahoria en algún instante” Ese verso me rompió el corazón.
        Besos de agua.

        Comentario por Blasfémina | 26 septiembre, 2012 | Responder

        • Los sueños no conforman los caminos de tierra… hasta los pájaros deben bajarse a esos caminos en algún momento. Y una zanahoria inalcanzable debe tratarse siempre de convertir en la comida reconfortante del caminante ilusionado. Que no se te rompa el corazón, aliéntalo al horizonte alcanzable.

          Un beso

          Comentario por Juan | 26 septiembre, 2012 | Responder

  6. Perdóname, Juan, pero no me ha quedado más remedio que concederte este pequeño galardón:

    http://alterfines.wordpress.com/2012/09/25/versatil-que-dicen-es-uno/

    Tu diario me gusta, y deseo que la gente lo sepa.

    Un abrazo.

    Comentario por alterfines | 25 septiembre, 2012 | Responder

  7. Todo horizonte es alcanzable, incluso el de los sueños.

    Comentario por Blasfémina | 27 septiembre, 2012 | Responder

    • Para alcazar el horizonte de los sueños hay que dejar de volar, caminar todos nuestros empeños… lo demás es sonambulismo, hermoso y cálido sonambulismo.

      Comentario por Juan | 27 septiembre, 2012 | Responder

  8. ¡Qué bonito, Juan!

    Comentario por zambullida | 27 septiembre, 2012 | Responder

    • Es una preciosidad de libro, mi estimada, un derroche de imaginación… tan sencillo a veces.

      Comentario por Juan | 30 septiembre, 2012 | Responder

  9. ¡Qué bonito! Gracias Juan y también Adwoa… incluyéndolo en mi lista para leer. Aunque he de reconocer que cuando pinché en el enlace había leído Zenovia en lugar de Zobeida 🙂 Un abrazo!

    Comentario por dotdos | 29 septiembre, 2012 | Responder

    • Zenovia es otra de esas ciudades invisibles, una de las ciudades sutiles, casi de aire, suspendida en aire. Quizá para otro instante, aunque hay otras más bonitas.

      Un abrazo José.

      Comentario por Juan | 30 septiembre, 2012 | Responder


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