Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

François de La Rochefoucauld

François de La Rochefoucauld (1613 – 1680). Sin duda uno de los grandes filósofos moralistas del siglo XVII. Le costó, pero con una incansable ironía y frialdad… convenció.

”…la falsedad es la gran reina del siglo, de cualquier siglo; no hay virtud, ni bondad, ni valor, ni altruismo…, no hay nada, salvo el amor propio”


22 septiembre, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , | 8 comentarios

Poema 18 – Pablo Neruda


Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.


16 septiembre, 2013 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , | 10 comentarios

Tesoros del Mar


doradas olas
la mañana arrebatan
el Mar sonríe

el Mar sonríe
suavidades del alma
siembran latidos

siembran latidos
con blancas caricias
la arena tiembla

la arena tiembla
en la danza incesante
…si el Mar sonríe


22 agosto, 2013 Posted by | Suavidades del Alma | , , , , , , , , | 3 comentarios

Poema 14 – Pablo Neruda


Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
¡Ah! déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.

Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. ¡Ah! tú no huyes
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.


4 agosto, 2013 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Vértigo


Nada arropa a los verticales sueños
al quebrarse la luz en el delgado cielo
ni la piedra sagrada calma el filo
del intenso frío que amordaza al tiempo
En los ojos quedan sólo cuevas
todo huyó de la luz
tras las alas de precoces tempestades

Bajo pétalos de música en la noche enorme
descansan los restos de las aves
que rompieron su pacto con el aire
Tembloroso duerme en el cuenco de la lágrima
el sabor metálico de lo inasible
la inútil llave de una puerta siempre abierta
al aliento que nunca empañará cristales

El futuro es cálido abismo
a una playa de la esquiva Leucas
donde nunca habitaron gorriones
sólo el eco síncrono y sosegado
el último latido de la décima musa
la voz que revienta el cielo

De dónde se derrama tanto frío
La brisa nunca se posa en esta calle
ante el verso estrellado contra el suelo
desgastada su rima en las pisadas
El vértigo se enreda en mi garganta

The Farewell – Antichrisis
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20 julio, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 4 comentarios

Mario Benedetti

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia (1920 – 2009), narrador, ensayista, dramaturgo, político… y poeta. Las palabras cobran su auténtico significado, su centro, en manos de este genial uruguayo de la Generación del 45.

“…las maravillas últimas se acaban pero quedan
sus huellas imprecisas junto al álamo seco
a menudo las manos se azoran / destempladas
pero los dedos pálidos / endebles / inseguros
todavía se atreven a desafiar el fuego.”

29 junio, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , , , , | 3 comentarios

Teseo o el Mar

Inexorablemente cada día golpean. Con el inefable tesón de su condición de huidas, contra su inerme roca se estrellan; arrancan trozos de alma y devoran la voluntad que otrora pareciese inquebrantable. Las olas que se marchan cada día le hieren.

En tiempos de la memoria Poseidón le otorgó la vida. La vida de contornos cotidianos, de colores y aires que son, que existen, porque sus sentidos derrochaban latidos cuando esos contornos eran un fuego incontenible nacido de las más profundas simas del mar. Teseo siempre lo supo. En aquellos días tripuló con insaciable gozo el osado Argos, y su sonrisa desafiaba tiempos, dioses y cielos. Ni el feroz Sinis ni el hermoso Procuste pudieron borrar aquellos desafiantes gestos, aquella deslumbrante mirada de blancos y marinos reflejos rebosante. Siquiera la mágica Elefsina del Gran Adriano consiguió detener sus huellas. En aquellos días era el hijo de un dios mayor, y ante sus pasos temblaba el destino, se deshacía la levedad y los horizontes se construían de la espuma más brillante y viva que jamás haya mostrado el mar. En aquello días, antes del Minotauro, Teseo tenía vida, era el hijo de un dios.

El Minotauro, el Minotauro y su Laberinto. Recuerda ese instante en el que su vida pendía del generoso hilo, del hilo de sus sueños. Y fueron tenaces, tan tenaces como insuficientes sabe ahora.

En realidad fue ese Minotauro del Laberinto que le habitaba el que le condujo, quien con magia de palabras trenzadas urdió sus pasos y afianzó sus huellas. Ninguna Ariadna estuvo allí en el mediodía henchido de una Creta perpetuada en intrincadas calles de costumbres por un sol de siglos endurecidas. Con la poderosa maza de Perifetes allí golpeó una y otra vez su Minotauro, llenando de muerte, vaciando de vida, demoliendo el Laberinto.

Y como en la leve y perdida Mysea, tras las aplastantes calles arruinadas, sólo el mar confundido a sus ojos como el cálido refugio de un sueño en magia de palabras trenzado. Huye en quiméricos pasos sobre la estela de ese recio hilo. Huye, y el Egeo no consigue lavar el polvo que atenaza sus manos, la niebla que coagula sus ojos. Huye en vano del cursar en los relojes del viejo e imbatible Hades. Huye de tanta destrucción sólo para alcanzar otras ruinas, sólo para hacer propia a una ajada Atenas doblegada por el tiempo.

Allí aún reina. Sobre el acantilado de sus restos, envuelto en los negros y olvidados velámenes ahora vacíos de viento, contempla Teseo un horizonte ya borrado. A esa hora en que la espuma se viste de plata siempre recuerda que un día de un tiempo medido en veces, cuando los latidos eran, se arrojó en brazos de las aguas para siempre dormir sus profundidades. A esa hora grande de luna, como cada día de su memoria, con inquebrantable voluntad se enfrenta Teseo a su eterna elección: o las desoladas calles de Atenas… o el sueño del Mar. Es tan fácil eso, tanto en eso… Teseo ninguna noche duda.

Moraleja:
Debe tener cuidado el osado caminante, pues tomar aquello que las huellas nos descubren es libre ejercicio, pero recibir de lo tomado comporta una voluntad ajena a nuestras manos. Y como en una marina ola, aquello que con su inusitado brillo nos alcanza y colma nuestros sentidos, al retirarse, en la levedad de su condición de huida, sólo dolorosas gotas deje en nuestra mirada.

Aunque quizá podría ser más extraordinario dejar que se quiebre la endurecida heredad. No podremos preguntarle al poderoso Teseo, hace ya tiempo duerme los sueños del mar.

“Llueve en el Mar
Al Mar lo que es del Mar
y que se seque la heredad”

Octavio Paz


20 junio, 2013 Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , | 8 comentarios

Fuegos (VIII)


“Deberías tener siempre antorchas en tu pabellón, un jardín a oscuras da miedo. E improvisó:

Las teas arden en mi corazón también,
despidiendo nubes de humo,
pero el humo de mi corazón
no se deshará en el aire mientras el mundo exista.

¿Por cuánto tiempo? Qué extraño poema, pensó ella, y respondió:

Si el humo de las teas y el de tu corazón
son iguales,
hay que pensar que uno y otro
hallarán su lugar en el vasto cielo”



De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


18 mayo, 2013 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , | 9 comentarios

El hijo de la lavandera

Al hijo de la lavandera le tiraban piedras los niños del administrador porque iba siempre cargado con un balde lleno de ropa, detrás de la gorda que era su madre, camino de los lavaderos. Los niños del administrador silbaban cuando pasaba, y se reían mucho viendo sus piernas, que parecían dos estaquitas secas, de esas que se parten con el calor, dando un chasquido. Al niño de la lavandera daban ganas de abrirle la cabeza pelada, como un melón-cepillo, a pedradas; la cabeza alargada y gris, con costurones, la cabeza idiota, que daba tanta rabia.

Al niño de la lavandera un día lo bañó su madre en el barreño, y le puso jabón en la cabeza rapada, cabeza-sandía, cabeza-pedrusco, cabeza-cabezón-cabezota, que había que partírsela de una vez. Y la gorda le dio un beso en la monda lironda cabezorra, y allí donde el beso, a pedrada limpia le sacaron sangre los hijos del administrador, esperándole escondidos, detrás de las zarzamoras florecidas.

Ana Mª Matute (Los niños tontos)

8 mayo, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , | 19 comentarios

Antoine de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry (1900 – 1944), escritor y piloto francés. Tenemos la suerte de que nos regalase esa joya llamada El Principito.

“Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas.”

5 mayo, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , | 4 comentarios

Palabras


Noche callada
las palabras son
están despiertas
bajaron de la tarde amplia
nacieron del aire para buscar tus días
para volar los hilos de tu mirada grande

Te buscaron
Y te encontraron donde siempre habitas
volteando mi tiempo
encendiendo mis ríos
abismando mi memoria
Es todo piel
Las palabras son todo piel
Entre tus ojos y mis ojos hay un instante
Entre tu latido y el mío sueñan las albas

Son mañana y tarde mis palabras
son tus manos de danza
tu larga risa y tu pecho tímido
tus ingenuos ojos de agua
tu rostro de hora temprana
Todo piel son nuestras palabras

Pero hoy se estremecen de urgencia
adivinando calles de sembrado olvido
noches sin mañana
caricias asoladas
En un beso muere la luz del día
errante arena de mar alejada
en duro silencio cae y te reclama

Noche callada
Todo se repite
Todo
Toda la piel de nuestras palabras


1 mayo, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 12 comentarios

Siete pecados capitales en mis estantes

La mirada más intensa de estos barrios tuvo a bien enviarme a un confesionario donde desnudar la inconsistencia de los pecados que almaceno en mis estantes, en esos márgenes blancos, inacabados, que conforman las sendas que rodean las palabras. Helos, pues:


Avaricia: ¿cuál es tu libro más caro y el más barato?
Todos mis libros son carísimos, carísimos… están construidos de palabras extraordinarias, hilos de plata que desafían la mirada, el sueño, los sentidos.

No obstante, tengo uno barato. Es una hoja en blanco, la hoja donde yo escribo el libro que nunca será. No vale nada.


Ira: ¿con qué autor tienes una relación amor-odio?
Yourcenar, Marguerite Yourcenar. Sus caminos se me llenan de memoria, de una memoria con texturas de inmediatez, de esa que llena cada resquicio de los sentidos y nada deja indiferente por esas confusas sendas del adentro.


Gula: ¿qué libro te devoras una vez tras otra?
Soy un alguien de bajo mantenimiento. La gula no se encuentra entre los muchos pecados que acumulo. Pero leería quizá por tercera o cuarta vez El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez, sólo por recordarme a mí mismo lo consistente de la insistencia en un sueño.

Sueño: promesa de un mañana cuando los pasos están cargados de empeño y aún persiste la incontenible fuerza de mirar un horizonte cierto.

Sueño: pesadilla en la noche cuando el tiempo se alarga y la oscuridad desbarata una mirada distante a lo incierto.


Pereza: ¿Qué libro no has leído por flojera?
El Quijote, por supuesto, como casi todo el mundo. ¿O tú lo has leído? No, claro, pesa mucho, somos muy flojos para soportar los grandes pesos de la historia.


Orgullo: ¿De qué libro hablas para sonar intelectual?
De El Seños de los Anillos, ¿hay algo más intelectual en los últimos tiempos? Un día alguien, recién estrenada la gloriosa película y veinte años después de que yo hubiese leído cada uno de las líneas de tan prodigioso escritor, llegó y me dijo: “…y es que Bilbo Baggins…”… Yo, que soy inculto por naturaleza me dije: ¿Baggins? ¿Baggins? ¿No era Bolsón?… Pero que burro soy, debo empezar a estudiar inglés ya.

Ahora ya he conseguido estar a la debida altura y para ser intelectual hablo de The Lord of the Rings about the adventure of an incredible and little celebrity called… “Bilbo Baggins”.


Lujuria: ¿Qué encuentras atractivo en los personajes femeninos o masculinos?
Curiosa cuestión para alguien de bajos requerimientos en sus necesidades de mantenimiento. Pero me aventuraré en elegir alguno de los que se mueven por mis estanterías con sus peculiares y extraordinarias particularidades.

Femenino: Ana, Señora de rojo sobre fondo gris. La profunda feminidad de una mujer es un regalo. Si además ese regalo se encuentra envuelto en tela de elegancia con un lazo de extraordinaria sensatez y coherencia, entonces… entonces es un auténtico regalo para los sentidos.

Masculino: Josef Knecht, Magister Ludi, el más alto grado alcanzable en los mundos castalios, donde las artes se concentran en el eterno juego del aprendizaje, del conocimiento como alimento del ser humano y base de toda ecuación posible… Josef Knecht sabía recorrer los caminos de lo posible a través de las sublimes fórmulas que conducen ese complejo resultado que es el de tan sólo ser.


Envidia: ¿Qué libro te gustaría recibir cómo regalo?
El que venga acompañado de un bonito beso, por supuesto, ¿hay mejor libro?


Y puesto que ahora puedo decir “Bilbo Baggins” y ya soy un intelectual postmoderno con carnet, puedo permitirme el moralizante lujo de no condenar a nadie a este revelado de sus más íntimas e inconfesables pasiones… Sí, esas que cada día se pasean con descaro por los estantes de nuestras huellas, aun cuando siquiera seamos capaces de verlas.


“…Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte…”


Alguien me dice que he mentido en el apartado de la lujuria. Tras leer estos versos de Huidobro puedo ver que es cierto: he mentido, la lujuria llena mis estantes…

28 abril, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , | 30 comentarios