Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Fuegos (X)


“Dediquémonos ahora un poema de felicitación el uno al otro, dijo él:

El espejo de este lago
libre ya de hielo,
nos devuelve nuestras propias imágenes
gozosas y brillantes.

Y ella respondió:

Sobre la superficie inmaculada
de este lago de cristal,
se refleja la imagen
de diez mil años de felicidad futura.



De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


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8 febrero, 2015 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , | 5 comentarios

Jean-Paul Sartre

Jean-Paul Sartre (1905 – 1980). Escritor y filósofo francés, uno de los grandes exponentes de la literatura y del existencialismo. En 1964 rechazó el galardón de Premio Nobel de Literatura.

25 enero, 2015 Posted by | Palabras con luz | , , , , , | 3 comentarios

El niño tonto

Versión reeditada con la inestimable colaboración de la genial artista madrileña, y extraordinaria amiga, Olga Pérez (pintura, ilustración y grabado). Con mi agradecimiento por tan exacta ilustración.


El niño tonto nació despacio; no quería nacer, no quería desprenderse de aquel calor blando y suave que le envolvía. La primera luz le hizo una honda herida. Pero cuando su madre lo abrazó desesperadamente –su madre siempre le abrazaba desesperadamente- el niño tonto sintió aquel calor grande y esponjoso de antes de nacer. Al niño tonto, sobre todas las cosas, le gustaban los abrazos de su madre.

Aquellos niños que reían de forma extraña, aquellos niños que no reían con la misma risa larga y transparente de su madre, decían que no tenía luces. El niño tonto creció, lentamente, pensando que no tenía luces.

Cuando corría por los campos -porque el niño tonto siempre iba corriendo- miraba hacia arriba a las imponentes torres eléctricas; alguien le había dicho alguna vez que aquellos gigantes de poderosos brazos extendidos llevaban la luz. Y corría y corría, con sus pequeños y flacos brazos extendidos portando sendos palos de escoba y gritando: “¡fhisss, fhisss, fhisss!… tengo la luz en mis manos… tengo luces en mis brazos…”

Y así, lentamente, el niño tonto crecía entre los desesperados abrazos de su madre y las extrañas risas de aquellos extraños niños.

Un día, jugando a correr bajo uno de aquellos poderosos hombres de hierro, se quedó parado, fija la mirada en las alturas. Muy despacio, el niño tonto comenzó a escalar por las metálicas piernas del hombre de hierro, por su cintura, por su pecho. Se deslizó por su brazo, hasta llegar a la mano. Allí, en un fugaz abrazo, por fin el niño tonto se lleno de todas las luces del universo.

5 octubre, 2014 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 2 comentarios

Ana Mª Matute

Ana Mª Matute (1925 – 2014). Con su imaginación nos obligó a soñar… “El que no inventa, no vive”


AMMatute

«Oíd, criaturas del agua: va a comenzar el Gran Viaje. Prestad atención, pues raramente podemos presenciar tan preciosa y difícil huida».

El océano hinchó, a salvajes y doloridos lamentos, las velas listadas en blanco y oro, y blanco y verde; y zarparon las naves, al fin: allí estaban su tablero de damas, sus copas de vidrio azul y la cinta que, a veces, Tontina se enrollaba al índice, cuando quedaba pensativa.

Todas las criaturas lacustres, fluviales y marítimas abandonaron sus palacios de nácar, o de musgo, o de hielo, y acudieron a ver cómo las naves de Predilecto y Tontina afluían a una misma vena marítima. Y así, con solemnidad suboceánica, chocaron y se partieron en miles de diminutas y relucientes astillas: saltó la quilla, la vela y el mástil; rodaron al fondo del mar los escudos pintados, las copas de oro, las piezas de ajedrez, los collares y los emblemas. Sus cuerpos se desprendieron y flotaron, y vinieron a chocar uno con otro, igual que las proas de sus naves. Y alzaron éstas la cabeza, y los dragones de oro tuvieron una última mirada mineral antes de hundirse en el cieno y retornar a lo que fueran: huellas, espectros de naves y de reyes, de batallas y de muerte sinnúmero.

Pero no así Tontina y Predilecto: pues en el espeso lamento del mar, se agitaron cada una de las dos mitades de una sola piedra, horadada y azul; y así, como se cierran las dos hojas de la concha, se ajustaron una sobre otra, tan herméticas como el nácar de las perlas, sobre aquel orificio único, por donde el mundo, acaso, pudiera atisbarse, un día, hermoso. Y cada una de las dos mitades iba indestructiblemente atada al cuello de ambos muchachos.

Y arrastrados por aquella piedra, Tontina y Predilecto ascendieron en el agua y se alejaron, los cuerpos enlazados por una misma cadena y una sola piedra azul, pulida y horadada por las Raíces del Agua, unidas ya sus dos mitades.

—¿Adónde van? -dijo débilmente Ondina, mirando cómo se alejaban en el agua.

—Más allá de las regiones de Nunca y Siempre, donde residen los ecos y las huellas de la Luz, y los reflejos engañosos del mundo…

Ana Mª Matute (Olvidado Rey Gudú)


28 junio, 2014 Posted by | Palabras con luz | , , , , , , | 3 comentarios

Unos zapatos nuevos

Se levantó muy temprano, tenía algo importante que hacer. El traje es negro, nuevo; lo compró pensando que a ella le gustaría. Nuevos son también sus zapatos, estaba cansado de las embarradas y frías botas de los últimos tiempos; relucen, y piensa que también a ella le gustarían. Ha elegido una camisa azul y una corbata gris-azulada; en otras veces de su memoria fueron afortunadas prendas.

El día recupera cosas atrasadas por un tiempo blanco y grande, pero tiene algo muy importante que hacer y todo lo demás sólo le ronda como un viento incómodo y ajeno. Nervioso, todo lo relega por fin y sale a buscar un libro. Es ese algo muy importante. Tiene que elegir bien, debe elegir bien. Muchos clásicos le pasean por la textura más amable de la memoria, uno en especial. Querría que fuese ése, pero ahora ya sabe que ella no lo entendería, que no querría entenderlo. Quizá unos versos, o unos cuentos de la radio si hubiese un nuevo volumen… Ya se ha decidido, unos cuentos para los sentidos, un paseo por las alegres suavidades del alma.

Se sienta en su banco de siempre, el de la hora de no comer, donde siempre sueña con construir, donde sueña con un jardín de tiempo enredándose entre sus pies. Las manos le tiemblan, como siempre que quiere dejarle un beso. Ensaya las palabras, no desea ninguna esquina imperfecta, oscura, en el regalo… tanto en un regalo. Se para y lo piensa, siempre es tanto. Esa mirada al fuego le tranquiliza; sí, puede hacerlo bien, sabe que puede hacerlo bien.

No ha dejado de pensar en ella ni un sólo día en ese invierno de nieves pesadas y oscuras; ese sentimiento de pérdida irreparable le consume. ¿Qué será de ella? ¿Cuáles sus caminos? ¿Qué haré sin ella? ¿Cómo puede perderse tanto? La pérdida, la pena, la pérdida, la pena… el dolor en el pecho… la danza de sus manos, el mar de sus labios, la música de su pecho… No, no… Vuelve a mirarse adentro y ve la luz de ese fuego. Otra vez tanto. No, no es irreparable. Sí, sabe que tiene que intentarlo, puede hacerlo bien, sabe que puede hacerlo bien… El tiempo, ese extraño inmóvil, ahora corre. No debe llegar de nuevo tarde, sabe que puede hacerlo bien… tanto en un regalo.

Le abruma la idea de que seguirán las dudas revoloteándola, anidando en sus miedos. Ella los seguirá alimentando. Lo decía aquel libro que pasearon junto a la triunfante y juguetona corriente: creamos las dudas porque navegar nos abruma, porque nos inquieta el mar que no vemos. Lo decía ese libro. No prestamos atención en aquella tarde casi huida, pero, sí, lo decía aquel libro; lo recuerda con exacta memoria.

Piensa que debió haberse dado cuenta aquel día. Debió entender que unos zapatos nuevos no servirían, no serían suficientes para recorrer las sendas que con tanto amor inventaron. ¡Y pensar que los había comprado porque eran la excusa perfecta para iniciar ese camino! ¡Qué ingenuidad! Finalmente son esas huellas las que forjaron la distancia, el sonido de sus propios pasos los que alentaron el silencio.

Una sombra de pesadumbre le obliga a inclinar la cabeza. Sí, sabe que seguirá alimentando a sus miedos. Vuelven esas palabras. La pérdida, la duda, la pérdida, la duda, la pérdida, la duda del corazón… sus manos, sus ojos…la música de su pecho.

Por un instante sin tiempo la mirada sigue fija en el brillo de esos inútiles zapatos. Diecisiete antiguas palabras se despiertan en su mente como un puñal hermoso, hermosamente frío. Levedad, todo un universo de levedad en la brisa. Es su esencia no detenerse, moriría. Sólo se entretiene un instante, regala generosamente su tibieza apagando un algo de su propio fuego, y cuando ve los zapatos nuevos, huye, huye la brisa dejando su eco de silencio. Y la duda se despeja. A cambio, persiste la pérdida. Siente cómo le agrede, cómo su esencia se torna física. Es de piedra, de piedra inerte memoria del edificio demolido. ¿Puede la brisa demoler un edificio? No, pero si puede el edifico demolerse a sí mismo por el rítmico e hipnótico efecto de la brisa. Concluye que es pura física, como la pérdida.

En realidad ya no le importa esa ruina. Con un esforzado gesto, como si toda la vida colgase de sus brazos, los eleva lentamente hasta que las dos manos se unen. Allí, en el espacio cóncavo puede verlo, nunca deja de sentir su calor. Allí, el fuego que se alimenta de mirada se estremece mostrándole la exactitud de lo que realmente importa, de la necesidad más esencial, más urgente. Retorna a las líneas de aquel mismo libro: la necesidad sólo es efecto, la causa un poderoso fuego.

Si le dejase abrazarla una vez más… Sacaría el libro importante y una cajita de sonrisas de otros tiempos cortos que guarda con mucho celo. Está seguro de que ella entonces miraría el fuego y despejaría sus dudas leyendo un cuento para los sentidos donde el tiempo más amable muestra su sonrisa en el brillo de unos zapatos nuevos. Sí, puede hacerlo bien, él sabe que puede hacerlo bien…

27 abril, 2014 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , | 5 comentarios

Gabriel García Márquez

Gabriel José de la Concordia García Márquez, escritor y periodista colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982 (1927-2014).

“No ha muerto. Ha iniciado
un viaje atardecido.
De azul en azul claro
—de cielo en cielo— ha ido
por la senda del sueño
con su arcángel de lino…”


“¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

Toda la vida –dijo.”

19 abril, 2014 Posted by | Palabras con luz | , , , | 2 comentarios

Fuegos (IX)


“Nadie sabe aún dónde echará raíces esta plantita,
y ni el mismo rocío,
que pronto habrá de abandonarla,
tiene idea de adónde irá a parar.

Y dice una criada:

¿De modo que el rocío piensa desaparecer
antes de tener conocimiento
de dónde crecerá la planta
hasta hacerse mayor?”



De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


31 diciembre, 2013 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , | 6 comentarios

Immanuel Kant

Immanuel Kant (1724 – 1804), filósofo alemán, es uno de los pensadores más influyentes en la filosofía ética de la era contemporánea. Fundador del criticismo, aúna percepción y razón como puente para el conocimiento.

“Por amor a los hombres voy a admitir que la mayor parte de nuestras acciones son conformes al deber; pero si se miran de cerca los pensamientos y los esfuerzos, se tropieza uno por todas partes con el amado yo, que continuamente se destaca y sobre el que se fundamentan los propósitos, y no sobre el estrecho mandamiento del deber, que muchas veces exigiría la renuncia y el sacrificio.”
(Fundamentación de la metafísica de las costumbres)



26 diciembre, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , , | 2 comentarios

Gabriel García Márquez

Gabriel José de la Concordia García Márquez, escritor y periodista colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982 (1927). Exponente del realismo mágico, es sin duda uno de los grandes de la literatura universal… e incluso un poco poeta…

“…Este amor que es el verso y es la rosa,
y es saber que la vida en cada cosa
se nos repite cada vez más fuerte.

Tan eterno, este amor tan resistible,
que comparado al tiempo es imposible
saber dónde limita con la muerte.”


7 diciembre, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , | 4 comentarios

El negrito de los ojos azules

Ojos azules



Una noche nació un niño.

Supieron que era tonto porque no lloraba y estaba negro como el cielo. Lo dejaron en un cesto, y el gato le lamía la cara. Pero, luego, tuvo envidia y le sacó los ojos. Los ojos eran azul oscuro, con muchas cintas encarnadas. Ni siquiera entonces lloró el niño, y todos lo olvidaron.

El niño crecía poco a poco, dentro del cesto, y el gato, que le odiaba, le hacía daño. Mas él no se defendía, porque era ciego.

Un día llegó a él un viento muy dulce. Se levantó, y con los brazos extendidos y las manos abiertas, como abanicos, salió por la ventana.

Fuera, el sol ardía. El niño tonto avanzó por entre una hilera de árboles, que olían a verde mojado y dejaban sombra oscura en el suelo. Al entrar en ella, el niño se quedó quieto, como si bebiera música. Y supo que le hacían falta, mucha falta, sus dos ojos azules.

Eran azules -dijo el niño negro-. Azules, como chocar de jarros, el silbido del tren, el frío. ¿Dónde estarán mis ojos azules? ¿Quién me devolverá mis ojos azules?

Pero tampoco lloró, y se sentó en el suelo. A esperar, a esperar.

Sonaron el tambor y la pandereta, los cascabeles, el fru-fru de las faldas amarillas y el suave rastreo de los pies descalzos. Llegaron dos gitanas, con un oso grande. Pobre oso grande, con la piel agujereada. Las gitanas vieron al niño tonto y negro. Le vieron quieto, las manos en las rodillas, las cuencas de los ojos rojas y frescas, y no le creyeron vivo. Pero el oso, al mirar su cara negra, dejó de bailar. Y se puso a gemir y llorar por él.

Las gitanas hostigaron al animal: le pegaron, y le maldijeron sus palabras de cuchillo. Hasta que sintieron en el espinazo un aliento de brujas y se alejaron, con pies de culebra. Ataron una cuerda al cuello del oso y se lo llevaron a rastras, llenos de polvo.

Cayeron todas las hojas de los árboles, y, en lugar de la sombra, bañó al niño tonto el color rojo y dorado. Los troncos se hicieron negros y muy hermosos. El sol corría carretera adelante cuando apareció, a lo lejos, un perro color canela que no tenía dueño. El niño sintió sus pasos cerca y creyó oír que le daba vueltas a la cola como un molino. Pensó que estaba contento.

Dime, perro sin amo, ¿viste mis dos ojos azules?

El perro puso las patas en sus hombros y lamió su cabeza de uvas negras. Luego, lloró amargamente, muy largamente. Sus ladridos se iban detrás del sol, ya escondido en el país de las montañas.

Cuando volvió el día, el niño dejó de respirar. El perro, tendido a sus pies toda la noche, derramó dos lágrimas. Tintinearon, como pequeñas campanillas. Acostumbrado a andar en la tierra, con las uñas hizo un hondo agujero que olía a lluvia y a gusanitos partidos, a mariquitas rojas punteadas de negro. Escondió al niño dentro. Bien escondido, para que nadie, ni los ocultos ríos, ni los gnomos, ni las feroces hormigas, le encontraran.

Llegó el tiempo de los aguaceros y del aroma tibio, y florecieron dos miosotis gemelos en la tierra roja del niño tonto y negro.

Ana Mª Matute (Los niños tontos)

26 noviembre, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 18 comentarios

El anillo de cristal


Caminar en el aire, sobre el aire
vereda de un instante

En el anillo matemático
la imagen es exacta
se agranda la memoria
y la distancia no importa
Orilla el aire en un anillo de cristal

Sutil y breve engaño
la soledad se enajena de fronteras
devora como las olas de Estigia
en una moneda infinitas albas rojas
en la otra el inasible verbo grande

Es el camino lento
espera sin consuelo
como en una estación dormida
donde al mundo le tiemblan las piernas
en el brillo inútil de raíles asustados

Asustados
no por la distancia
sí por el tiempo que no entiende
fuera de un anillo de cristal


22 octubre, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 10 comentarios

François de La Rochefoucauld

François de La Rochefoucauld (1613 – 1680). Sin duda uno de los grandes filósofos moralistas del siglo XVII. Le costó, pero con una incansable ironía y frialdad… convenció.

”…la falsedad es la gran reina del siglo, de cualquier siglo; no hay virtud, ni bondad, ni valor, ni altruismo…, no hay nada, salvo el amor propio”


22 septiembre, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , , | 8 comentarios