Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

El niño tonto

Versión reeditada con la inestimable colaboración de la genial artista madrileña, y extraordinaria amiga, Olga Pérez (pintura, ilustración y grabado). Con mi agradecimiento por tan exacta ilustración.


El niño tonto nació despacio; no quería nacer, no quería desprenderse de aquel calor blando y suave que le envolvía. La primera luz le hizo una honda herida. Pero cuando su madre lo abrazó desesperadamente –su madre siempre le abrazaba desesperadamente- el niño tonto sintió aquel calor grande y esponjoso de antes de nacer. Al niño tonto, sobre todas las cosas, le gustaban los abrazos de su madre.

Aquellos niños que reían de forma extraña, aquellos niños que no reían con la misma risa larga y transparente de su madre, decían que no tenía luces. El niño tonto creció, lentamente, pensando que no tenía luces.

Cuando corría por los campos -porque el niño tonto siempre iba corriendo- miraba hacia arriba a las imponentes torres eléctricas; alguien le había dicho alguna vez que aquellos gigantes de poderosos brazos extendidos llevaban la luz. Y corría y corría, con sus pequeños y flacos brazos extendidos portando sendos palos de escoba y gritando: “¡fhisss, fhisss, fhisss!… tengo la luz en mis manos… tengo luces en mis brazos…”

Y así, lentamente, el niño tonto crecía entre los desesperados abrazos de su madre y las extrañas risas de aquellos extraños niños.

Un día, jugando a correr bajo uno de aquellos poderosos hombres de hierro, se quedó parado, fija la mirada en las alturas. Muy despacio, el niño tonto comenzó a escalar por las metálicas piernas del hombre de hierro, por su cintura, por su pecho. Se deslizó por su brazo, hasta llegar a la mano. Allí, en un fugaz abrazo, por fin el niño tonto se lleno de todas las luces del universo.

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5 octubre, 2014 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 2 comentarios

Gabriel García Márquez

Gabriel José de la Concordia García Márquez, escritor y periodista colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982 (1927-2014).

“No ha muerto. Ha iniciado
un viaje atardecido.
De azul en azul claro
—de cielo en cielo— ha ido
por la senda del sueño
con su arcángel de lino…”


“¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

Toda la vida –dijo.”

19 abril, 2014 Posted by | Palabras con luz | , , , | 2 comentarios

El anillo de cristal


Caminar en el aire, sobre el aire
vereda de un instante

En el anillo matemático
la imagen es exacta
se agranda la memoria
y la distancia no importa
Orilla el aire en un anillo de cristal

Sutil y breve engaño
la soledad se enajena de fronteras
devora como las olas de Estigia
en una moneda infinitas albas rojas
en la otra el inasible verbo grande

Es el camino lento
espera sin consuelo
como en una estación dormida
donde al mundo le tiemblan las piernas
en el brillo inútil de raíles asustados

Asustados
no por la distancia
sí por el tiempo que no entiende
fuera de un anillo de cristal


22 octubre, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 10 comentarios

Vértigo


Nada arropa a los verticales sueños
al quebrarse la luz en el delgado cielo
ni la piedra sagrada calma el filo
del intenso frío que amordaza al tiempo
En los ojos quedan sólo cuevas
todo huyó de la luz
tras las alas de precoces tempestades

Bajo pétalos de música en la noche enorme
descansan los restos de las aves
que rompieron su pacto con el aire
Tembloroso duerme en el cuenco de la lágrima
el sabor metálico de lo inasible
la inútil llave de una puerta siempre abierta
al aliento que nunca empañará cristales

El futuro es cálido abismo
a una playa de la esquiva Leucas
donde nunca habitaron gorriones
sólo el eco síncrono y sosegado
el último latido de la décima musa
la voz que revienta el cielo

De dónde se derrama tanto frío
La brisa nunca se posa en esta calle
ante el verso estrellado contra el suelo
desgastada su rima en las pisadas
El vértigo se enreda en mi garganta

The Farewell – Antichrisis
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20 julio, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 4 comentarios

Teseo o el Mar

Inexorablemente cada día golpean. Con el inefable tesón de su condición de huidas, contra su inerme roca se estrellan; arrancan trozos de alma y devoran la voluntad que otrora pareciese inquebrantable. Las olas que se marchan cada día le hieren.

En tiempos de la memoria Poseidón le otorgó la vida. La vida de contornos cotidianos, de colores y aires que son, que existen, porque sus sentidos derrochaban latidos cuando esos contornos eran un fuego incontenible nacido de las más profundas simas del mar. Teseo siempre lo supo. En aquellos días tripuló con insaciable gozo el osado Argos, y su sonrisa desafiaba tiempos, dioses y cielos. Ni el feroz Sinis ni el hermoso Procuste pudieron borrar aquellos desafiantes gestos, aquella deslumbrante mirada de blancos y marinos reflejos rebosante. Siquiera la mágica Elefsina del Gran Adriano consiguió detener sus huellas. En aquellos días era el hijo de un dios mayor, y ante sus pasos temblaba el destino, se deshacía la levedad y los horizontes se construían de la espuma más brillante y viva que jamás haya mostrado el mar. En aquello días, antes del Minotauro, Teseo tenía vida, era el hijo de un dios.

El Minotauro, el Minotauro y su Laberinto. Recuerda ese instante en el que su vida pendía del generoso hilo, del hilo de sus sueños. Y fueron tenaces, tan tenaces como insuficientes sabe ahora.

En realidad fue ese Minotauro del Laberinto que le habitaba el que le condujo, quien con magia de palabras trenzadas urdió sus pasos y afianzó sus huellas. Ninguna Ariadna estuvo allí en el mediodía henchido de una Creta perpetuada en intrincadas calles de costumbres por un sol de siglos endurecidas. Con la poderosa maza de Perifetes allí golpeó una y otra vez su Minotauro, llenando de muerte, vaciando de vida, demoliendo el Laberinto.

Y como en la leve y perdida Mysea, tras las aplastantes calles arruinadas, sólo el mar confundido a sus ojos como el cálido refugio de un sueño en magia de palabras trenzado. Huye en quiméricos pasos sobre la estela de ese recio hilo. Huye, y el Egeo no consigue lavar el polvo que atenaza sus manos, la niebla que coagula sus ojos. Huye en vano del cursar en los relojes del viejo e imbatible Hades. Huye de tanta destrucción sólo para alcanzar otras ruinas, sólo para hacer propia a una ajada Atenas doblegada por el tiempo.

Allí aún reina. Sobre el acantilado de sus restos, envuelto en los negros y olvidados velámenes ahora vacíos de viento, contempla Teseo un horizonte ya borrado. A esa hora en que la espuma se viste de plata siempre recuerda que un día de un tiempo medido en veces, cuando los latidos eran, se arrojó en brazos de las aguas para siempre dormir sus profundidades. A esa hora grande de luna, como cada día de su memoria, con inquebrantable voluntad se enfrenta Teseo a su eterna elección: o las desoladas calles de Atenas… o el sueño del Mar. Es tan fácil eso, tanto en eso… Teseo ninguna noche duda.

Moraleja:
Debe tener cuidado el osado caminante, pues tomar aquello que las huellas nos descubren es libre ejercicio, pero recibir de lo tomado comporta una voluntad ajena a nuestras manos. Y como en una marina ola, aquello que con su inusitado brillo nos alcanza y colma nuestros sentidos, al retirarse, en la levedad de su condición de huida, sólo dolorosas gotas deje en nuestra mirada.

Aunque quizá podría ser más extraordinario dejar que se quiebre la endurecida heredad. No podremos preguntarle al poderoso Teseo, hace ya tiempo duerme los sueños del mar.

“Llueve en el Mar
Al Mar lo que es del Mar
y que se seque la heredad”

Octavio Paz


20 junio, 2013 Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , | 8 comentarios

Palabras


Noche callada
las palabras son
están despiertas
bajaron de la tarde amplia
nacieron del aire para buscar tus días
para volar los hilos de tu mirada grande

Te buscaron
Y te encontraron donde siempre habitas
volteando mi tiempo
encendiendo mis ríos
abismando mi memoria
Es todo piel
Las palabras son todo piel
Entre tus ojos y mis ojos hay un instante
Entre tu latido y el mío sueñan las albas

Son mañana y tarde mis palabras
son tus manos de danza
tu larga risa y tu pecho tímido
tus ingenuos ojos de agua
tu rostro de hora temprana
Todo piel son nuestras palabras

Pero hoy se estremecen de urgencia
adivinando calles de sembrado olvido
noches sin mañana
caricias asoladas
En un beso muere la luz del día
errante arena de mar alejada
en duro silencio cae y te reclama

Noche callada
Todo se repite
Todo
Toda la piel de nuestras palabras


1 mayo, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 12 comentarios

Un pequeño cuartito

Se cuenta que en un remoto y deshabitado lugar, vivía un hombre que un día descubrió una grieta en su corazón. Nuestro preocupado amigo no sabía cómo podía haberle ocurrido algo así, a él, que hacía tiempo se había olvidado de tan inútil órgano dado su incierto uso. Acostumbrado a prescindir de él, pensaba que tanto calor y luz allí adentro no podía ser cosa buena, algo se lo decía desde sus recuerdos, y que debía encontrar una rápida solución para resolver aquel extraño inconveniente.

Nuestro hombre gustaba de entretener sus artes manuales con cualquier asunto que le consumiese los tiempos. Así pues, con todo su empeño, armado de sus artes y de los escasos materiales que en tan remoto lugar consiguió reunir, a esa tarea se encomendó. Recomponer su maltrecho corazón.

Lo primero era el análisis de situación, así que al corazón se dirigió, y no sin cierto temor tras sus prolongados tiempos de ausencia de aquellos espacios. Cuando entró en él, se encontró en una estancia olvidada, apenas una vaguedad de la memoria, pequeña, como un destartalado cuartito, pensó. La luz entraba sin permiso y sin perdón, revelando la escasez de acomodo y las grises capas de tiempo acumulado. Lo primero, se dijo, reparar esta grieta, tanta luz hace daño.

Con el problema ya algo más claro, la primera urgencia eran los materiales necesarios para realizar la tarea. Así, buscó y rebuscó entre sus pobres haberes hasta que poco a poco fue reuniendo todo lo que consideró adecuado para su importante obra. Entre aquellas cosas de sus días encontró un colmado saco de tristeza, un buen balde a rebosar de lágrimas, algunas pasiones que aún sobrevivían en su propio calor, una pequeña cajita de ilusiones y esperanzas y, sobre todo, mucho dolor. Pensó que aquello era más que suficiente para acometer su proyecto.

Con el colmado saco de tristeza y parte del balde de lágrimas elaboró tan espesa argamasa que hasta él quedó sorprendido de la solidez conseguida, de cómo aquella masa se agarraba a las paredes de la maltrecha carne impidiendo la entrada de la hiriente luz. No obstante, nuestro hombre, que era persona precavida y gustaba de resolver bien sus asuntos, decidió que sería acertado reforzar todas las paredes desde el interior, no fuese que aquello de la grieta se repitiese. Con el fuego de sus pasiones abrasó la ya oscura pared, que gris y dura quedó, como la piedra que sin duda en el futuro debería ser. No contento aún, después varias capas de duro dolor le dio para impermeabilizarlo y garantizar un duradero acabado, y todo el que sobró lo guardó por si el tiempo reclamaba algún nuevo apaño. Para acabar, y pensando que quizás quedaría bien algún matiz de ligero color, con las lágrimas restantes y la cajita de ilusiones y esperanzas una pintura fabricó, diluida y escasa, y que apenas le llegó, tanta era la sed que parecía tener aquella piedra.

El resultado fue asombroso. Al menos eso pensaba nuestro hombre, que orgulloso de su labor se preguntaba si no merecería la pena decorar un poco aquella pequeña estancia, quizá hasta pudiese utilizarla en días por venir.

Volvió a buscar entre sus enseres, quizá pudiese reaprovechar alguna de aquellas cosas que atesoraba. Conforme iba separando algunas de ellas, una sonrisa se dibujaba en su rostro, no sabemos si por la memoria que alimentaban aquellos objetos o por la satisfacción de encontrarles de nuevo utilidad. Esta vez eligió una buena caja de besos y suaves caricias sin usar, un puñadito de deseos, su álbum de miradas, un diario de coloridas palabras, algo de sólida ingenuidad, una telita de calidez, y montones de amor. ¿De dónde habría salido tanto amor?, se preguntaba. Ya casi se disponía a continuar su trabajo cuando encontró algo insólito, un pequeñito trozo de alegría. ¿De dónde habría salido?, no lo recordaba.

Con todas estas cosas se decidió primero por fabricar un cómodo silloncito, para ello la caja de besos y suaves caricias sería ideal. Lo pondría en el rinconcito del fondo que parecía el más cálido, y añadiría un ramillete de deseos para que resultase más acogedor, su rinconcito de sueños. Era una pena que los deseos estuviesen cerrados, nunca habían florecido. Quizá si los regaba con alguna de las lágrimas que aún sobraban puede que alguno abriese. Sí, quizás después probaría. ¿Cómo será la flor de un deseo? ¿Azul? A nuestro hombre siempre le había gustado el azul.

Acto seguido, desarmó el álbum de miradas conseguidas y conformó un mosaico con ellas, hasta la última, y con el trocito de alegría lo pulió una y otra vez hasta que el trocito se agotó. El resultado fue un extraordinario espejo de color miel que colgó en la pared frente a la puerta. Se extrañó, pues en algo parecía se había equivocado, el espejo lo reflejaba todo menos a él, ¿por qué? Pensó que más tarde debería repararlo, aunque no sabía cómo.

Animado por los resultados, tejió una tupida alfombra con todas las palabras de su diario. Blancas, rojas, azules y verdes, ninguna de ellas era negra. Muchas tenía y todas las empleó para que resultase acogedora. El resultado le emocionó, pues cuando en ella se dejaba caer, alguna de esas palabras, las más libres y leves, se soltaban en una suerte de suaves notas que se colgaban del aire. Tras colocarla a los pies del silloncito, y para alegrar el rinconcito, hizo una pequeña lámpara de dorada y tenue luz alimentada con amor, para las noches. Pensó que con tanto amor como le sobraba no tendría problema, seguro duraría más que el propio sol.

Y así llegó a su obra más preciada, de sólida ingenuidad el cuerpo, la telita de calidez en su interior y con algunas lágrimas sobrantes para guarnecerlo, un joyerito, pequeño pero hermoso, pensó. Dentro guardó sus cosas más preciadas, las que siempre llevaba en sus bolsillos. Un joyerito sin joyas pero lleno de tesoros. Se le escapó otra sonrisa.

Y así, añadiendo aquí y allá algún verso de algún tiempo, unas canciones prendidas en la memoria, una guitarra que había perdido la voz, sus libros para el rincón de ensueño y hasta lápiz y papel de algodón, nuestro hombre dio por concluida la tarea, su corazón ya estaba reparado. Y hasta tenía un nuevo uso, un espacio sólo para él, su pequeño cuartito lo llamó, un lugar para vivir.

Cuando un caminante vaga por aquellos lugares remotos y deshabitados nada encuentra, ninguna señal de nuestro hombre, lo que siempre ha arrojado serias dudas en relación a la veracidad de esta historia. Sin embargo, cuentan los viejos del lugar que hay algunos de esos caminantes que al pasar la noche al abrigo de una roca gris, creyeron sentir, más que oír, unas notas sostenidas en el aire que parecían venir del interior de la roca. Pero al comprobar la roca en la mañana vieron que era sólo eso, una sólida roca gris.


Moraleja:

Más allá de su valor literario, dudoso en este caso, es obligación de todo cuento que se precie, dejarnos una moraleja. La de éste es imprecisa sin embargo, y sólo el lector podrá adivinarla buscando en sus enseres, en sus tesoros más preciados. Quizá así, el propio lector hasta pueda aventurar una nueva forma del cuento, e incluso aportar datos en relación a la veracidad del mismo.

23 marzo, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , , , | 18 comentarios

Discernimiento

“Ya me he pillado los dedos una vez. ¡Nunca más volveré a enamorarme!”, dijo el amante que se había visto rechazado.

“Eres como aquel gato que, habiéndose quemado por sentarse en una
estufa, nunca más quiso volver a sentarse”, replicó el Maestro.

¿Quién puede hacer que amanezca? – Anthony de Mello

20 enero, 2013 Posted by | Palabras con luz | , , , , | 17 comentarios

El pájaro solitario


Duermen sueño de albas
en el pequeño baúl escondidas
de miradas con luz de árbol
y palabras derretidas
Duermen su sueño de albas
entre hilos de ilusión
de circulares juegos en aguas cansadas
de exactos vuelos en la tarde huida

Allí relee una y otra vez el pájaro solitario
relee la historia de un mar invulnerable
donde la canela y la promesa se anidaron
Nunca se cansa
mendigo de su ángel blanco

Cada día los nudos son más fuertes
con tanto miedo adentro los versos le tiemblan
y se caen las palabras
Tesoros fueron
nidos de incesante danza
llaves de sonrisa
Hoy puertas de silencio

En la mañana abre el pequeño baúl
con pañuelo de memoria
limpia los versos de sus ojos
y silva su promesa
la de tintas imperecederas
la que reza sobre un papel inacabado


4 enero, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , | 11 comentarios

Es silencio


Jardín de fresas
silencio
campo grande campo oscuro
grande y oscuro
de estrellas derribadas cielo negro
abrazo de luna
de luna desierta

Leves y rojas allí se pudren
del verbo sus dos sílabas
bajo capas de ingenuo olvido
aún temblando
en cama de alas muertas

En mi pecho no hay ola
ni en mis manos más certeza
no se encienda llama más intensa
que de ese verbo su palabra abierta

Sobre la piedra grabada y fría
lluvia de ojos
sueños resbalando ojos
tiempo roto en ojos
donde el muñeco tonto sembró sus versos
y aún se sostiene la estúpida sonrisa
Allí se descuelgan mis notas de agua
secas de mar ido
yermas de sol caído
pródigas sólo en memoria quieta

En el rincón de noche lenta
un fuego desespera
fatuo el latido
desvaída su silueta
se aferra al cóncavo latido
con las uñas de razones ciertas

No lo sabe el fuego
es silencio un jardín de fresas
campo grande campo oscuro
grande y oscuro
campo santo de las noches muertas


30 noviembre, 2012 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , | 23 comentarios

Edvard Munch, el diseccionador del alma

”Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol. De repente el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza”.

La realidad es mucho más, sus matices son tan diversos como los ojos que la observan. Hay tanto oculto tras de ella, tanta realidad tras la realidad. ¿Cuántos muros debe destruir el ser humano para llegar al destierro de la ignorancia supersticiosa y establecida que promulgaba Spinoza?

“Voy a pintar la vida de personas que respiran, sienten, sufren y aman.”… y diseccionó el alma de la realidad, de sus sombras de soledad, de dolor, de miseria y angustia.

Edvard Munch , Loten 1863 – Ekely 1944, el gran diseccionador de las almas, el precursor del expresionismo.



23 noviembre, 2012 Posted by | Suavidades del Alma | , , , , , , , , | 24 comentarios

Fuegos (VII)


“Acariciando la oscuridad, susurraba al silencio de la noche:

En esta noche sin luna
no podremos encontramos.
La añoranza me despierta,
mi pecho bate inflamado
y el fuego consume mi corazón.

Ella, atrapada por el mismo silencio, adivinaba su voz y soñaba:

Estoy tan sola.
Mi cuerpo es una hierba que flota
segada de raíz.
Si el agua me sedujera
la seguiría, lo sé”


De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


19 noviembre, 2012 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , , , | 21 comentarios