Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Fuegos (X)


“Dediquémonos ahora un poema de felicitación el uno al otro, dijo él:

El espejo de este lago
libre ya de hielo,
nos devuelve nuestras propias imágenes
gozosas y brillantes.

Y ella respondió:

Sobre la superficie inmaculada
de este lago de cristal,
se refleja la imagen
de diez mil años de felicidad futura.



De la Historia de Genji
Murasaki Shikibu


Anuncios

8 febrero, 2015 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , | 5 comentarios

Gabriel García Márquez

Gabriel José de la Concordia García Márquez, escritor y periodista colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982 (1927-2014).

“No ha muerto. Ha iniciado
un viaje atardecido.
De azul en azul claro
—de cielo en cielo— ha ido
por la senda del sueño
con su arcángel de lino…”


“¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

Toda la vida –dijo.”

19 abril, 2014 Posted by | Palabras con luz | , , , | 2 comentarios

El anillo de cristal


Caminar en el aire, sobre el aire
vereda de un instante

En el anillo matemático
la imagen es exacta
se agranda la memoria
y la distancia no importa
Orilla el aire en un anillo de cristal

Sutil y breve engaño
la soledad se enajena de fronteras
devora como las olas de Estigia
en una moneda infinitas albas rojas
en la otra el inasible verbo grande

Es el camino lento
espera sin consuelo
como en una estación dormida
donde al mundo le tiemblan las piernas
en el brillo inútil de raíles asustados

Asustados
no por la distancia
sí por el tiempo que no entiende
fuera de un anillo de cristal


22 octubre, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , , , , | 10 comentarios

Vértigo


Nada arropa a los verticales sueños
al quebrarse la luz en el delgado cielo
ni la piedra sagrada calma el filo
del intenso frío que amordaza al tiempo
En los ojos quedan sólo cuevas
todo huyó de la luz
tras las alas de precoces tempestades

Bajo pétalos de música en la noche enorme
descansan los restos de las aves
que rompieron su pacto con el aire
Tembloroso duerme en el cuenco de la lágrima
el sabor metálico de lo inasible
la inútil llave de una puerta siempre abierta
al aliento que nunca empañará cristales

El futuro es cálido abismo
a una playa de la esquiva Leucas
donde nunca habitaron gorriones
sólo el eco síncrono y sosegado
el último latido de la décima musa
la voz que revienta el cielo

De dónde se derrama tanto frío
La brisa nunca se posa en esta calle
ante el verso estrellado contra el suelo
desgastada su rima en las pisadas
El vértigo se enreda en mi garganta

The Farewell – Antichrisis
Vodpod videos no longer available.


20 julio, 2013 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , | 4 comentarios

Teseo o el Mar

Inexorablemente cada día golpean. Con el inefable tesón de su condición de huidas, contra su inerme roca se estrellan; arrancan trozos de alma y devoran la voluntad que otrora pareciese inquebrantable. Las olas que se marchan cada día le hieren.

En tiempos de la memoria Poseidón le otorgó la vida. La vida de contornos cotidianos, de colores y aires que son, que existen, porque sus sentidos derrochaban latidos cuando esos contornos eran un fuego incontenible nacido de las más profundas simas del mar. Teseo siempre lo supo. En aquellos días tripuló con insaciable gozo el osado Argos, y su sonrisa desafiaba tiempos, dioses y cielos. Ni el feroz Sinis ni el hermoso Procuste pudieron borrar aquellos desafiantes gestos, aquella deslumbrante mirada de blancos y marinos reflejos rebosante. Siquiera la mágica Elefsina del Gran Adriano consiguió detener sus huellas. En aquellos días era el hijo de un dios mayor, y ante sus pasos temblaba el destino, se deshacía la levedad y los horizontes se construían de la espuma más brillante y viva que jamás haya mostrado el mar. En aquello días, antes del Minotauro, Teseo tenía vida, era el hijo de un dios.

El Minotauro, el Minotauro y su Laberinto. Recuerda ese instante en el que su vida pendía del generoso hilo, del hilo de sus sueños. Y fueron tenaces, tan tenaces como insuficientes sabe ahora.

En realidad fue ese Minotauro del Laberinto que le habitaba el que le condujo, quien con magia de palabras trenzadas urdió sus pasos y afianzó sus huellas. Ninguna Ariadna estuvo allí en el mediodía henchido de una Creta perpetuada en intrincadas calles de costumbres por un sol de siglos endurecidas. Con la poderosa maza de Perifetes allí golpeó una y otra vez su Minotauro, llenando de muerte, vaciando de vida, demoliendo el Laberinto.

Y como en la leve y perdida Mysea, tras las aplastantes calles arruinadas, sólo el mar confundido a sus ojos como el cálido refugio de un sueño en magia de palabras trenzado. Huye en quiméricos pasos sobre la estela de ese recio hilo. Huye, y el Egeo no consigue lavar el polvo que atenaza sus manos, la niebla que coagula sus ojos. Huye en vano del cursar en los relojes del viejo e imbatible Hades. Huye de tanta destrucción sólo para alcanzar otras ruinas, sólo para hacer propia a una ajada Atenas doblegada por el tiempo.

Allí aún reina. Sobre el acantilado de sus restos, envuelto en los negros y olvidados velámenes ahora vacíos de viento, contempla Teseo un horizonte ya borrado. A esa hora en que la espuma se viste de plata siempre recuerda que un día de un tiempo medido en veces, cuando los latidos eran, se arrojó en brazos de las aguas para siempre dormir sus profundidades. A esa hora grande de luna, como cada día de su memoria, con inquebrantable voluntad se enfrenta Teseo a su eterna elección: o las desoladas calles de Atenas… o el sueño del Mar. Es tan fácil eso, tanto en eso… Teseo ninguna noche duda.

Moraleja:
Debe tener cuidado el osado caminante, pues tomar aquello que las huellas nos descubren es libre ejercicio, pero recibir de lo tomado comporta una voluntad ajena a nuestras manos. Y como en una marina ola, aquello que con su inusitado brillo nos alcanza y colma nuestros sentidos, al retirarse, en la levedad de su condición de huida, sólo dolorosas gotas deje en nuestra mirada.

Aunque quizá podría ser más extraordinario dejar que se quiebre la endurecida heredad. No podremos preguntarle al poderoso Teseo, hace ya tiempo duerme los sueños del mar.

“Llueve en el Mar
Al Mar lo que es del Mar
y que se seque la heredad”

Octavio Paz


20 junio, 2013 Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , | 8 comentarios

Poema 5 – Pablo Neruda

3 febrero, 2013 Posted by | Poesía Extraordinaria | , , , , , , , , , , , , | 16 comentarios

Zobeida (Las ciudades invisibles)

Hacia allí, después de seis días y seis noches, el hombre llega a Zobeida, ciudad blanca, bien expuesta a la luna, con calles que giran sobre sí mismas como un ovillo.

Esto se cuenta de su fundación: hombres de naciones diversas tuvieron un sueño igual, vieron una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida, la vieron de espaldas, con el pelo largo, y estaba desnuda. Soñaron que la seguían. A fuerza de vueltas todos la perdieron. Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida donde se establecieron esperando que una noche se repitiese aquella escena. Ninguno de ellos, ni en el sueño ni en la vigilia, vio nunca más a la mujer. Las calles de la ciudad eran aquellas por las que iban al trabajo todos los días, sin ninguna relación ya con la persecución soñada. Que por lo demás estaba olvidada hacía tiempo.

Nuevos hombres llegaron de otros piases, que habían tenido un sueño como el de ellos, y en la ciudad de Zobeida reconocían algo de las calles del sueño, y cambiaban de lugar galerías y escaleras para que se parecieran más al camino de la mujer perseguida y para que en el punto donde había desaparecido no le quedara modo de escapar.

Los que habían llegado primero no entendían qué era lo que atraía a esa gente a Zobeida, a esa fea ciudad, a esa trampa.

Italo Calvino (Las ciudades invisibles)

20 septiembre, 2012 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , | 20 comentarios

Día 2, Junio de 2012


Instantáneas

La piedra a veces canta, la piedra a veces llora.
Un violín siempre llora en una catedral de aire. En otra catedral de aire.
El silencio del agua, el silencio del tiempo, el silencio en el fuego.
El silencio es como un tejado inacabado.
La palabra, la duda; el tiempo, la duda; el verbo, sin dudas.
El fuego nada puede contra el tiempo.
¿Cuánto tiempo cabe en un cuartito oscuro?… tanto como silencio en un tejado inacabado.
Extraerlo requeriría una cirugía de resultado incierto. El corazón no la soportaría.

Memoria

Entre murmullo y sonrisa temblaba lo indeciso,
se movía entre música y palabra.
¡Delicia del instante fugitivo y sin cuerpo!
¡Dulcísima tristeza recordarlo flotando!

Con voz de tarde llora un violín. Es tan cálido, tan ágil… Es tan triste…

¡La vida, sí, la vida misma!

Pálido y alto, callado,
la miro pasar llorando.

Y algo líquido se asoma a lo inmediato, al silencio del tiempo…

La luna es una ausencia
de cuerpos en la nieve;
el mar, la afirmación
de lo total presente.
¡Adiós, pájaros altos,
instantes que no vuelven!
¡Cuánto amor en la tarde
que se me va y se pierde!

Cuánto tiempo, cuántas palabras duermen en un cuartito oscuro…

Entre la vida y el sueño
sube y baja el silencio.

Como las quebradas olas de un tejado inacabado…

(Gabriel Celaya)


“Como en aquel tonto muñeco de la mañana
y su flor atenazada en el tiempo.
Sólo vive el ruidoso silencio del vacío “

4 junio, 2012 Posted by | Mirando el Mundo | , , , , , , , , , , , , , , | 13 comentarios

Prometeo y el fuego

Había acertado a caerle sobre las manos, entre sus manos. Allí, acunada en el rudo espacio cóncavo, la pequeña estrella latía con un fuego extraordinario mientras Prometeo se preguntaba cómo aquel tesoro podía haberle elegido a él, qué magia tan intensa poseía ese ángel blanco para que su sangre se desbocase en vertiginosas espirales de vida.

Prometeo no lo sabía, pero había nacido titán, eterno enemigo de los distantes dioses y receptor de grandes poderes. Prometeo no lo sabía. Prometeo se sentía mortal, siempre encadenado a los muros de sus más enraizadas convicciones.

Fuese porque los orgullosos y distantes dioses considerasen que en nada le correspondía tal tesoro, o fuese tal vez simplemente porque sintieron una mezquina e incontenible envidia al verle elevarse en sueños que ellos mismos no habían experimentado nunca y nunca experimentarían… fuese por una causa o fuese por otra, decidieron esos dioses arrebatarle aquel tesoro, sembrar las distancias del tiempo inmisericorde, someterle a un cruel castigo. Y así, encadenáronle a las frías montañas del Cáucaso, donde el sol es sólo vago espejismo en la memoria, donde el tiempo hiere con esquirlas de hielo que se esconden en la misma carne, donde hasta la sombra más osada y fiel abandona a su dueño.

Las artes de Hefesto allí lo clavaron a la dura roca por tiempos insondables. Y si la noche era eterna y fría, la mañana era aún más cruel y aterradora, pues ordenó el mismo Zeus que con la fuga de la última estrella, la más brillante, la que aún mantenía un rescoldo en el alma de Prometeo, la que le recordaba aquel fuego que una vez habitó entre sus manos… con la fuga de esa estrella, las poderosas águilas de aquellas inhóspitas y solitarias cumbres le devorasen el alma.

Bien sabía Zeus de la condición inmortal de los titanes. Bien sabía Zeus que tras ese horror, el alma volvería a regenerarse devolviendo al infeliz Prometeo a otra noche de oscuridad, a otro día de pavor, al continuo y terrible frío.

Pero los dioses nunca han confiado en los titanes, nunca han llegado a interesarse por ellos, a conocer las extraordinarias virtudes y poderes que los habitan. Entre esos poderes, casi siempre enterrados por las texturas más inmediatas, olvidados, imperceptibles para ellos mismos, entre esos poderes se encuentra la esperanza que alimenta los latidos, la tenacidad que alimenta los sueños.

Fue así que Prometeo soportó por incontables tiempos el cruel castigo, hasta que un día las cadenas de Hefesto fueron insuficientes para contenerle y quedó liberado. Aun con calzado de miedos y escaso equipaje de ilusiones, poderoso se sintió Prometeo aquel día. Y desde entonces, como viento pleno de esperanza, como flecha lanzada por el mismísimo Orión, recorre veloz Prometeo los cielos del tiempo buscando, sabiendo que si aquella increíble estrella una vez se posó en él, si una vez el extraordinario fuego habitó sus manos, no hay dios alguno que pueda evitar que ocurra una segunda vez. Porque él, Prometeo, es un titán, porque en él, para siempre, habitará un extraordinario fuego.

Moraleja:
Es obligación del apasionado lector, del caminante de palabras, buscar entre sus enseres la moraleja que todo cuento arroja. Mira tú, caminante, ¿cuál es tu calzado?, ¿cuál el contenido de tu equipaje?, ¿cuál el fuego que habita el cuenco de tus manos?

Arde el tiempo fantasma:
arde el ayer, el hoy se quema y el mañana.
Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.
Pero no importan siglos o minutos:
también el tiempo de la estrella es tiempo,
gota de sangre o fuego: parpadeo.

Octavio Paz


18 mayo, 2012 Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , , , , , , , , , , , | 16 comentarios

Suavidades del alma

¿Te he mostrado el tiempo en un latido?

Arropado en la piel, tu piel,
desfilan las tersas líneas de un libro,
y tímidas gotas se asoman a lo inmediato,
resbalan entre futuro y pasado.

Y el presente todavía es,
el camino de lo cotidiano,
de lo extraordinario,
de los sueños que son.
Por el filo de un cuchillo se desplaza el tiempo
en rápidas olas perfumadas
que desbordan los sentidos.

Ven, amor mío, ven.
Te construiré aquel palacio
con días templados por columnas,
de transparentes miradas sus muros,
donde la nota de Satie se descuelga con la lluvia
y el horizonte muestra los dorados.

Recuerda, amor,
bajo el verde palio renovado
un banco espera cada tarde,
adormecido en el secreto susurro
de palabras esculpidas en aire.

Y cuando de perlas se siembre el nocturno,
de la caricia urgente
nacerán los verticales sueños.
Se ahogará la fiebre de mi sangre
en las blancas olas de tus mares,
dormirá el fruto de mis labios
en el aire cóncavo de tus manos.

Ven, amor mío, ven,
leamos de la mano el tiempo,
las suavidades del alma.

15 mayo, 2012 Posted by | Suavidades del Alma | , , , , , , , , , , | 20 comentarios

Día 26, Abril de 2012


Instantáneas

Miedos arropados por dudas. Desaparecen, casi… gris
Dudas alimentadas de distancia y de silencio. Inventadas… negro y marrón… negro y marrón
Y el tiempo corre… ¿Vuelve?
Un libro… una dedicatoria… un beso… siempre tanto… rojo
El libro es más que el tiempo, sabe esperar, quiere esperar… como un niño tonto…
Lágrima en el margen amarillento… es el reloj del tiempo… desteñido
Mano que acaricia la página… es el calor de un sueño… azul, siempre azul
Un libro… una dedicatoria… un beso… siempre tanto… como un niño tonto…

Memoria

Parece Mar, el cielo
donde me he recostado a soñarte…

Si vieras mi mirada,
como un ave, cazando horizontes y estrellas.

El universo es mío desde que tú te hiciste
techo de mariposas para mi corazón.

…Vuelan precisas, tan exactas… con cada latido… azules y rojos

Te he visto con los ojos vivos
como los ojos abiertos de los bosques,
figurándome en risas y quebradas nadando hasta el océano.

Te he recogido en huellas de canciones marinas
donde una vez dejaste corazones de agua enamorados.

Te he sacado del tiempo…

… Y vas caminando lentamente, uno a uno, los blancos márgenes de mis libros… rojos y blancos

¿Por qué me corre el Mar?
Tú eres vivo universo contestándome…

…porque es tan fácil… rojos, rojos de amapolas corriendo por los ríos de la piel

(Julia de Burgos)


“Ven, amor mío, ven,
leamos de la mano el tiempo,
las suavidades del alma”


26 abril, 2012 Posted by | Mirando el Mundo | , , , , , , , , , , , , , , , , , | 13 comentarios

Distancias de tiempo


Lloran ríos los verdes tejados
palabras derramadas en la senda perdida
oscurecidas de frío negro
lánguida ofrenda a las pesadas botas del tiempo

¿Adónde huir si la distancia no anida razón?
si las horas son un campo de húmedas amapolas
que soñaron sueños de mariposas

El suspiro del humo y el borde del sueño entienden
Sólo ellos acompañan el instante alargado
tan constante tan exacto
como este olor a memoria escalando la mirada

Lloro

Hay mil tesoros tras los cansados párpados
luz de día
color de día
días de día
vivir de día
se opacan con cada lágrima fugitiva
posada en las alas muertas de las innumerables amapolas

La orgullosa verja está vencida de nieve
el poderoso verbo sólo de distancia
de la distancia del tiempo


“Nieva nieve sobre todos los rincones del tiempo”
Vicente Huidobro


7 abril, 2012 Posted by | De Texturas Inmediatas | , , , , , , , , , , , | 21 comentarios