Sendas en el Margen

Un lugar de palabras…

Mysea, la Ciudad de los Sueños


Inspirado en un extraordinario libro, Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino. Unas sendas para soñar…


Debió ser entonces, pero no recuerdo el principio, sólo recuerdo que al salir de la agobiante penumbra de aquel bosque se abría el camino soleado. Sí, creo que era allí, un camino amplio por donde el aire corría sin temores y sin fronteras.

Si el viajero toma ese camino que sigue el curso del sol, al llegar la tarde, podrá verla delante, sobrevenida tras la última colina, Mysea, la ciudad de los sueños.

Tan sólo ver Mysea, el viajero ya puede aventurar esa sensación que a modo de temblor recorrerá su piel, premonición de algo increíble, desconocido y a la vez cotidiano, como si todo fuese igual que en otras ciudades, pero dispuesto en otro orden, más preciso. Todo es nuevo y reciente, aun cuando conserva las aparentes formas ya conocidas por la memoria.

Sus calles podrían ser las de cualquier hermosa ciudad; avenidas amplias y soleadas, ordenadas, mostrando los ejes del movimiento de la vida; callejones intrincados, sin inicio ni fin, hilos donde transcurren los ecos más apagados, menos visibles de esa misma vida; plazas de ordenados planos en las que cada espacio cobra su sentido; y sus jardines, pequeñas islas repartidas por todos los rincones. En realidad el viajero no puede sentirse extraño, puede reconocerlo todo, y todo lo reconoce a él, tal es la magia de Mysea.

En Mysea no hay diseños precalculados, más bien todo sugiere la sensación de que siempre ha debido ser así.

La única diferencia visible que encuentra el viajero es que en Mysea no hay habitantes, la propia ciudad es la vida y los únicos moradores son los sueños. Se desplazan por las calles, alegres y divertidos; duermen en sus pequeños jardines, llenos unos de melancolía, otros de ansiedades y los más, cubiertos de deseos; visitan las bibliotecas y museos, ávidos de alimento; se recrean en la noche, juegan a leer en las estrellas. En Mysea sólo viven los sueños.

Como en otras ciudades, hay edificios en Mysea. El viajero tarda en descubrir que están hechos en fábrica de aire, y sus texturas son las que esos sueños conforman, una suerte de plástica sustancia a medio camino de la estática realidad y la dinámica visión que permite el subconsciente. Es por ello que, aun conservando las formas de la memoria conocida, ese continuo fluir los convierte en sorpresa para el viajero, que según el momento y el ángulo en que los observe, siempre se le presentarán como espectáculo nuevo a sus sentidos.

No por ello el viajero se siente extraño o solitariamente abandonado. Más aún, experimenta el incontenible deseo de alentar a sus propios sueños, dejarles vagar libres entre esa realidad de las calles y plazas, unirse a otros sueños y conformar el instante por llegar, el tiempo intangible.

Y si por fortuna esa magia le deja atravesar la ciudad, siguiendo la avenida de poniente el viajero encuentra el corazón de la ciudad, que sin estar en el centro es el mismo centro. Allí el viajero se encontrará con el Mar, un impreciso espejo azul que se extiende hasta el horizonte. Eso será en la imaginación del viajero, pues aun el mismo horizonte no puede verse, sólo que continúa elevándose hasta que retorna por el cielo envolviendo a la ciudad.

Allí, el viajero descubre el secreto de Mysea, la ciudad de los sueños, y en fácil e imperioso gesto libera a su último sueño para que se sumerja en las cálidas aguas de ese Mar. El secreto de Mysea es llegar al Mar con un último sueño, pues allí adivina el viajero cuán triste existencia soportaría si algo suyo no se fundiese con la ciudad.

Mysea es la ciudad de los sueños, y el afortunado viajero que deja allí su sueño ya tiene entre sus manos la eternidad, porque en Mysea todo es nuevo y reciente, aun cuando conserve las aparentes formas de la memoria, y todo es como el viajero siempre soñó que debía haber sido.

Pero también, desdichado por siempre será aquél que habiendo contemplado esas calles, esas plazas, esos jardines, aquel Mar, tanta maravilla, no haya tenido la fortuna de dejar su sueño entre los brazos de esa ciudad, de Mysea, la ciudad de los sueños.


Moraleja:

Deja tus sueños en un lugar en el que sean cuidados, donde crezcan y puedan, quizá, hacerse realidad.

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4 septiembre, 2011 - Posted by | Los Cuentos del Mar | , , , ,

8 comentarios »

  1. Es un excelente relato, lleno de fascinación y misterio y redactado con una brillantez inusitada, por otro lado las descripciones son extraordinarias, deja poso, me ha parecido ideal.

    Comentario por Rey del viento | 4 septiembre, 2011 | Responder

  2. Gracias, mi estimado. En realidad sólo es un pobre intento. El libro es muy recomendable, Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Otro del mismo autor que me pareción interesante es Los amores difíciles.

    Pero ya se sabe, lo que a uno le parece bueno, a otro…

    Gracias nuevamente por tus generosas palabras.

    Comentario por Juan | 5 septiembre, 2011 | Responder

  3. Qué bonito Juan, me parece conocer esa ciudad… Yo dejo mis sueños en el océano, lejos del hombre. Gracias, bonitas imágenes surgen de tu relato

    Comentario por Nieves | 6 septiembre, 2011 | Responder

  4. Si a veces dejas tus sueños en el mar, entonces conoces muy bien esa ciudad. Si te ha traído a la memoria alguno de esos instantes, ya se dan por satisfechas esas líneas…

    Gracias Nieves

    Comentario por Juan | 7 septiembre, 2011 | Responder

  5. Buena ciudad, Mysea, para irse a esconder en una mañana de oficina, la mía, que se destiñe de mediocridad. Gracias por crear una ciudad que albergue los sueños.

    Comentario por rachellallorona | 12 septiembre, 2011 | Responder

  6. Gracias a ti Rachel, por dejar algún sueño en ella.

    Comentario por Juan | 16 septiembre, 2011 | Responder

  7. Vengo a devolverte tu grata visita en mi espacio. Elegí esta entrada al azar. Me gustaron las descripciones sobre esa ciudad de ensueño y en especial: “…El viajero no se siente extraño o solitariamente abandonado. Más aún, experimenta el incontenible deseo de alentar sus propios sueños…” Palabras que invitan a fantasear sobre una ciudad tan especial.
    Mi enhorabuena por tu blog.
    Un saludo y feliz navidad.

    Comentario por pipermenta | 22 diciembre, 2011 | Responder

  8. Pues mil gracias a ti por dejar tus huellas en estas sendas. Si te ha gustado te recomiendo el libro en el que se inspiraron estas líneas, Las ciudades invisibles, de Italo Calvino.
    Un saludo

    Comentario por Juan | 1 enero, 2012 | Responder


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